lunes, 7 de noviembre de 2011
EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS
El transcurso de esta película tiene lugar en la prestigiosa Universidad Welton, la mejor escuela
privada del Reino Unido; donde los cuatro pilares fundamentales son la tradición, el honor, la
disciplina y la grandeza.
El inicio de este curso se caracteriza por la entrada de un nuevo profesor, el Sr. Keating.
Mientras la mayoría de los profesores de esta escuela tienen una manera de actuar y enseñar
muy disciplinaria y autoritaria, el Sr. Keating empieza de una manera diferente. Sus clases son
muy dinámicas y, sobretodo, siempre encaminadas a un objetivo: tenemos poco tiempo en la
vida y hay que aprovechar al máximo cada instante. De aquí el concepto de “carpe diem” que
les quiere transmitir a sus alumnos.
La manera de enseñar del profesor Keating no es de agrado para el resto de profesores, y por
ello, empieza a tener ciertas “reticencias” con ellos. Incluso el director de la escuela le dice que
es un sistema poco ortodoxo; y que “ya hay un sistema establecido” en esta universidad. Y le
añade también que “hay un momento para el valor y otro para la prudencia”.
Un grupo de alumnos suyos , a través de una investigación sobre su historial, descubren “El Club
de los Poetas Muertos”, fundado por el Sr. Keating (ex-alumno de la escuela); le preguntan
sobre este tema y él les explica toda la historia . A raíz de aquí, estos alumnos deciden volver a
“poner en marcha” este club y, a medida que pasa el tiempo, van sintiendo y amando más la
poesía (que es otro de los objetivos del profesor Keating).
A través de la fuerza con la que el Sr. Keating les enseña y les hace ver que en esta vida hay que
luchar por lo que uno quiere, Neil decide enfrentarse a su padre ante la decisión de ser actor.
Éste se lo niega, e incluso le saca de la escuela. Finalmente, Neil decide suicidarse. Por este
motivo se decide echar al profesor Keating de la universidad, ya que se investiga el caso y se
descubre que Neil pertenecía al nuevo Club de los Poetas Muertos.
Finalmente, el Sr. Keating recoge sus cosas del aula y, en el momento de cruzar la puerta, se
gira y ve cómo los que habían sido sus alumnos se van poniendo de pie en las mesas y alzando
cada vez más la voz, dicen “Oh, capitán, mi capitán”,… Con ello los alumnos pretendían
demostrarle que no eran alumnos que le habían traicionado, sino que simplemente habían sido
forzados a mentir cuando se les interrogó uno por uno sobre “El Club de los Poetas Muertos”.
Por otro lado, nos gustaría destacar tres relaciones bastante diferentes que se aprecian a lo largo
de la película: la relación entre alumno-alumno, la cual se caracteriza por ser una relación
peculiar entre colegas, donde la confianza y el cariño resaltan por encima de todo. La relación
entre el profesor Keating y los alumnos. Ésta se destaca por la confianza, la originalidad de las
clases, la gran participación por parte de los alumnos, la amistad y el entusiasmo y, finalmente,
la relación entre los demás profesores con los alumnos, donde se puede observar una gran
diferencia con la anterior. En este caso, la relación se caracteriza por ser estricta y con una recta
disciplina.
viernes, 29 de julio de 2011
Ore ru reiméva yvágape, Padre nuestro que estás en el cielo, toñembojeroviákena nde réra. santificado sea tu nombre. Taoreañuamba ne mborayhu. Venga tu reino. Tojejapo ne rembipota, Hágase tu voluntad ko yvy ári yvágapeguáicha. así en la tierra como en el cielo. Eme'êmo oréve ko'ára kóvape ore rembi'urã opa ára roikotevêva. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Ha eheja reíkena oréve ore mba'e vaikue, Y perdónanos nuestras deudas, roheja reiháicha ore rapichápe hembiapo vaikue oréndive. así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Ha ani orerejátei roñepy'ara'ã, Y no nos dejes caer en la tentación, ore pe'a avei mba'e pochy poguýgui. mas líbranos del mal.Ore ru reiméva yvágape, Padre nuestro que estás en el cielo, toñembojeroviákena nde réra. santificado sea tu nombre. Taoreañuamba ne mborayhu. Venga tu reino. Tojejapo ne rembipota, Hágase tu voluntad ko yvy ári yvágapeguáicha. así en la tierra como en el cielo. Eme'êmo oréve ko'ára kóvape ore rembi'urã opa ára roikotevêva. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Ha eheja reíkena oréve ore mba'e vaikue, Y perdónanos nuestras deudas, roheja reiháicha ore rapichápe hembiapo vaikue oréndive. así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Ha ani orerejátei roñepy'ara'ã, Y no nos dejes caer en la tentación, ore pe'a avei mba'e pochy poguýgui. mas líbranos del mal.Ore ru reiméva yvágape, Padre nuestro que estás en el cielo, toñembojeroviákena nde réra. santificado sea tu nombre. Taoreañuamba ne mborayhu. Venga tu reino. Tojejapo ne rembipota, Hágase tu voluntad ko yvy ári yvágapeguáicha. así en la tierra como en el cielo. Eme'êmo oréve ko'ára kóvape ore rembi'urã opa ára roikotevêva. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Ha eheja reíkena oréve ore mba'e vaikue, Y perdónanos nuestras deudas, roheja reiháicha ore rapichápe hembiapo vaikue oréndive. así como nosotros perdonamos a nu pnos dejes caer en la tentación, ore pe'a avei mba'e pochy poguýgui. ma
Ore ru reiméva yvágape,
Padre nuestro que estás en el cielo,
toñembojeroviákena nde réra.
santificado sea tu nombre.
Taoreañuamba ne mborayhu.
Venga tu reino.
Tojejapo ne rembipota,
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Padre nuestro que estás en el cielo,
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Tojejapo ne rembipota,
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así en la tierra como en el cielo.
Eme'êmo oréve ko'ára kóvape ore rembi'urã opa ára roikotevêva.
El pan nuestro de cada día dánoslo hoy.
Ha eheja reíkena oréve ore mba'e vaikue,
Y perdónanos nuestras deudas,
roheja reiháicha ore rapichápe hembiapo vaikue oréndive.
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Ha ani orerejátei roñepy'ara'ã,
Y no nos dejes caer en la tentación,
ore pe'a avei mba'e pochy poguýgui.
mas líbranos del mal.
VER, JUZGAR, ACTUAR, REVISAR Y CELEBRAR
Amenudo se piensa que la formación consiste en "aprender" valores y creatividad y se exhorta a los educadores a tal forma de enseñanza.Pero la experiencia nos advierte a diario que tanto la creatividad como los valores no se aprenden sino que se descubren y nuestra tarea como educadores es ayudar a los niños y jóvenes a descubrir lo que llevan a dentro.Antes de ingresar a la vida religiosa forme parte del equipo de formación de la Pastoral de Juventud del Decanato 9 Arquidiocesis de la Santísima Asunción,nuestra tarea consistía en preparar materiales que sirvieran para la formación de los distintos grupos juveniles y especialmente a sus lideres.
En el material elaborado por este equipo para la Pascua Joven 2007 cuyo lema fue "Jesucristo, Rey y Pastor, enseñanos a servir"se utilizo una metodología que creo que tiene una estrecha relación con la verdadera vocación del docente que es: "ver, juzgar,actuar,revisar y celebrar.
VER:Es partir de hechos concretos de la vida cotidiana.Esta mirada permite una visión más amplia, profunda y global que motivará más adelante a realizar acciones transformadoras orientadas a atacar las raíces de los problemas.¿No es a esto lo que el docente está llamado con relación al alumno?
JUZGAR:Es el momento de analizar los hechos de la realidad para redescubrir lo que está ayudando o impidiendo a las personas a alcanzar su liberación integral y construir una sociedad según el proyecto de Dios.Es lo mismo que el docente busca.
ACTUAR:La acción transformadora es ante todo una acción liberadora.Se debe estar atento para que lo que se proponga realizar no sea fruto de intuiciones momentaneas o decisiones voluntaristas, sino fruto maduro de la reflexión realizada.
Los docentes como agentes transformadores somos el fermento en la masa y debemos hacer de nuestra propia vida un testimonio para los demás.
REVISAR Y CELEBRAR:Se trata de verificar todo el grado de cumplimiento de los objetivos y la forma de asumir las responsabilidades, de evaluar el proceso y de encontrar formas para afianzar los logros, superar las dificultades y continuar avanzando.El progreso en esta transformación nos lleva a la celebración.
domingo, 26 de junio de 2011
LA IGLESIA E INTERNET I. Introducción II. Oportunidades y desafíos III. Recomendaciones y conclusión I INTRODUCCIÓN 1. El interés de la Iglesia por Internet es una expresión particular de su antiguo interés por los medios de comunicación social. Considerándolos como un resultado del proceso histórico científico por el que la humanidad « avanza cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado »,1 la Iglesia ha declarado a menudo su convicción de que los medios de comunicación son, como dice el Vaticano II, « maravillosos inventos de la técnica »,2 que ya hacen mucho para afrontar las necesidades humanas y pueden hacer aún mucho más. Así, la Iglesia ha tenido un enfoque fundamentalmente positivo de los medios de comunicación.3 Los documentos del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, aun condenando abusos serios, se han preocupado por aclarar que « una actitud de pura restricción o de censura por parte de la Iglesia (...) ni es suficiente ni apropiada ».4 Citando la carta encíclica Miranda prorsus del Papa Pío XII, del año 1957, la instrucción pastoral sobre los Medios de Comunicación Social Communio et progressio, publicada en 1971, subrayó este punto: « La Iglesia los ve como ‘dones de Dios', ya que, según designio de la divina Providencia, unen fraternalmente a los hombres para que colaboren así con su voluntad salvífica ».5 Esta sigue siendo nuestra opinión, y es la misma opinión que tenemos de Internet. 2. Desde el punto de vista de la Iglesia, la historia de la comunicación humana es como un largo viaje, que lleva a la humanidad « desde el orgulloso proyecto de Babel y la caída en la confusión e incomprensión mutua que produjo (cf. Gn 11, 1-9), hasta Pentecostés y el don de lenguas: una restauración de la comunicación, centrada en Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo ».6 En la vida, muerte y resurrección de Cristo, el fundamento último y el primer modelo de la « comunicación entre los hombres lo encontramos en Dios que se ha hecho hombre y hermano ».7 Los medios modernos de comunicación social son una parte importante de esta historia. Como dice el Concilio Vaticano II « aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios ».8 Viendo a esta luz los medios de comunicación social, descubrimos que « contribuyen eficazmente a descansar y cultivar el espíritu y a propagar y fortalecer el reino de Dios ».9 Hoy esto se aplica de modo especial a Internet, que está contribuyendo a realizar cambios revolucionarios en el comercio, la educación, la política, el periodismo, las relaciones entre las naciones y entre las culturas, cambios no sólo en el modo como la gente se comunica, sino también en el modo como comprende su vida. Discutimos la dimensión ética de estos temas en otro documento sobre cuestiones análogas.10 Aquí consideramos las implicaciones que tiene Internet para la religión y especialmente para la Iglesia católica. 3. La Iglesia tiene un doble objetivo con respecto a los medios de comunicación. Uno de ellos consiste en fomentar su correcto desarrollo y uso con vistas al progreso humano, la justicia y la paz, para la construcción de la sociedad en los ámbitos local, nacional y comunitario a la luz del bien común y con espíritu de solidaridad. Al considerar la gran importancia de las comunicaciones sociales, la Iglesia « desea poder entablar un diálogo honrado y respetuoso con los responsables de los medios de comunicación »,11 un diálogo que atañe principalmente a la programación de dichos medios. « Este diálogo implica que la Iglesia se esfuerce en comprender los medios de comunicación —sus objetivos, sus estructuras internas y sus modalidades— y que sostenga y anime a los que trabajan en ellos. Basándose en esta comprensión y este apoyo, se pueden hacer propuestas significativas con vistas a la eliminación de los obstáculos que se oponen al progreso humano y a la proclamación del Evangelio ».12 Pero la preocupación de la Iglesia también se refiere a la comunicación en y por la Iglesia misma. Esta comunicación es más que un ejercicio de técnica, pues « se basa en la comunicación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y en su comunicación con nosotros »; y la realización de esta comunicación trinitaria « llega hasta la humanidad: el Hijo es la Palabra, pronunciada eternamente por el Padre; y en Jesucristo y por Jesucristo, Hijo y Palabra hecha carne, Dios se comunica a sí mismo y comunica su salvación a los hombres y mujeres ».13 Dios sigue comunicándose con la humanidad a través de la Iglesia, portadora y depositaria de su revelación, a cuyo ministerio de enseñanza viva ha confiado la tarea de interpretar de modo auténtico su palabra14. Además, la Iglesia misma es communio, una comunión de personas y comunidades eucarísticas que nacen de la comunión de la Trinidad y se reflejan en ella;15 por tanto, la comunicación es la esencia de la Iglesia. Por esta razón, más que por cualquier otra, « el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia debería ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como otros importantes principios y normas ».16 4. Hace tres décadas la Communio et progressio señalaba que « los medios modernos de comunicación ofrecen nuevos instrumentos para que la gente se confronte con el mensaje del Evangelio ».17 El Papa Pablo VI afirmó que la Iglesia « se sentiría culpable ante Dios », si dejara de usar los medios de comunicación para la evangelización.18 El Papa Juan Pablo II definió los medios de comunicación como « el primer areópago de la edad moderna », y declaró que « no basta usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta ‘nueva cultura' creada por la comunicación moderna ».19 Hacer esto es muy importante hoy en día, no sólo porque los medios de comunicación ejercen una fuerte influencia en lo que la gente piensa sobre la vida, sino también porque en gran parte « la experiencia humana como tal ha llegado a ser una experiencia de los medios de comunicación ».20 Todo esto se aplica a Internet. Y aunque el mundo de las comunicaciones sociales « puede dar la impresión de oponerse al mensaje cristiano, también ofrece oportunidades únicas para proclamar la verdad salvífica de Cristo a la entera familia humana. (...) Pensemos (...) en las grandes posibilidades que brinda Internet para difundir información y enseñanza de carácter religioso, superando obstáculos y fronteras. Los que han predicado el Evangelio antes que nosotros jamás hubieran podido imaginar una audiencia tan vasta. (...) Los católicos no deberían tener miedo de abrir las puertas de los medios de comunicación social a Cristo, para que la buena nueva pueda ser oída desde las azoteas del mundo ».21 II OPORTUNIDADES Y DESAFÍOS 5. « Las comunicaciones que se hacen en la Iglesia y por la Iglesia consisten esencialmente en el anuncio de la buena nueva de Jesucristo. Es la proclamación del Evangelio como palabra profética y liberadora dirigida a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo; es el testimonio dado de la verdad divina y el destino trascendente de la persona humana, frente a una secularización radical; es ponerse de parte de la justicia, en solidaridad con todos los creyentes, al servicio de la comunión de los pueblos, las naciones y las culturas, frente a los conflictos y las divisiones ».22 Dado que anunciar la buena nueva a la gente formada por una cultura de los medios de comunicación requiere considerar atentamente las características especiales de los medios mismos, la Iglesia necesita ahora comprender Internet. Esto es preciso para comunicarse eficazmente con la gente, de manera especial con los jóvenes, que están sumergidos en la experiencia de esta nueva tecnología, y también para usarla bien. Los medios de comunicación ofrecen importantes beneficios y ventajas desde una perspectiva religiosa: « Transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis. Diariamente proporcionan inspiración, aliento y oportunidades de participar en funciones litúrgicas a personas obligadas a permanecer en sus hogares o en instituciones ».23 Además de estos beneficios, hay otros que son peculiares de Internet. Esta proporciona al público un acceso directo e inmediato a importantes recursos religiosos y espirituales: grandes bibliotecas, museos y lugares de culto, documentos del Magisterio, y escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia, y la sabiduría religiosa de todos los tiempos. Posee una notable capacidad de superar las distancias y el aislamiento, poniendo en contacto a personas animadas por sentimientos de buena voluntad que participan en comunidades virtuales de fe para alentarse y apoyarse recíprocamente. La Iglesia puede prestar un servicio importante tanto a los católicos como a los no católicos mediante la selección y la transmisión de datos útiles en este medio. Internet es importante para muchas actividades y programas de la Iglesia: la evangelización, que incluye tanto la re-evangelización como la nueva evangelización y la tradicional labor misionera ad gentes; la catequesis y otros tipos de educación; las noticias y la información; la apologética, el gobierno y la administración; y algunas formas de asesoría pastoral y dirección espiritual. Aunque la realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad real e interpersonal o a la realidad encarnada de los sacramentos y la liturgia, o la proclamación inmediata y directa del Evangelio, puede complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia más plena de la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez que les brinda sus experiencias religiosas. También proporciona a la Iglesia medios para comunicarse con grupos particulares —jóvenes y adultos, ancianos e impedidos, personas que viven en zonas remotas, miembros de otras comunidades religiosas— a los que de otra manera difícilmente podría llegar. Un número creciente de parroquias, diócesis, congregaciones religiosas, instituciones relacionadas con la Iglesia, programas y todo tipo de organizaciones hacen ahora uso efectivo de Internet con estas y otras finalidades. En algunos lugares, tanto a nivel nacional como regional, han existido proyectos creativos patrocinados por la Iglesia. La Santa Sede ha estado activa en esta área durante muchos años, y sigue difundiendo y desarrollado su presencia en Internet. A los grupos vinculados a la Iglesia que todavía no han dado este paso se les anima a considerar la posibilidad de hacerlo cuanto antes. Recomendamos encarecidamente el intercambio de ideas e información sobre Internet entre quienes ya tienen experiencia en este campo y quienes son principiantes. 6. La Iglesia también necesita comprender y usar Internet como un medio de comunicaciones internas. Esto requiere tener claramente en cuenta su carácter especial de medio directo, inmediato, interactivo y participativo. El doble canal de interactividad de Internet ya está borrando la antigua distinción entre quienes comunican y quienes reciben lo que se comunica,24 y está creando una situación en la que, al menos potencialmente, todos pueden hacer ambas cosas. Esta no es la comunicación del pasado en una única dirección, de arriba a abajo. A medida que la gente se familiarice con esta característica de Internet en otros ámbitos de su vida, se puede esperar que lo utilice también por lo que respecta a la religión y a la Iglesia. La tecnología es nueva, pero los criterios no. El Concilio Vaticano II afirmó que los miembros de la Iglesia deberían manifestar a sus pastores « sus necesidades y deseos con la libertad y confianza que deben tener los hijos de Dios y hermanos en Cristo »; de hecho, de acuerdo con su conocimiento, competencia o posición, los fieles « tienen el derecho, e incluso algunas veces el deber, de expresar sus opiniones sobre lo que se refiere al bien de la Iglesia ».25 La Communio et progressio subrayó que, como « cuerpo vivo », la Iglesia « necesita el intercambio de las legítimas opiniones de sus miembros ».26 Aun cuando las verdades de fe « no dejan espacio a interpretaciones arbitrarias », la constitución pastoral observa que existe « una enorme área donde los miembros de la Iglesia pueden expresar sus puntos de vista ».27 Ideas similares se expresan en el Código de derecho canónico,28 así como en los documentos más recientes del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.29 La Aetatis novae define la comunicación de dos direcciones y la opinión pública como « una forma concreta de llevar a la práctica el carácter de communio de la Iglesia ».30 Ética en las comunicaciones sociales afirma: « Un flujo recíproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son expresiones importantes del ‘derecho fundamental al diálogo y a la información en el seno de la Iglesia' ».31 Internet proporciona un medio tecnológico eficaz para realizar esta perspectiva. Así pues, aquí tenemos un instrumento que se puede usar creativamente para varios aspectos de administración y gobierno. Además de abrir canales para la expresión de la opinión pública, pensamos en otros elementos, como consultar expertos, preparar encuentros y practicar la colaboración en las Iglesias e institutos religiosos, a nivel local, nacional e internacional, así como entre ellos. 7. La educación y la formación son otras áreas oportunas y necesarias. « Hoy todos necesitan alguna forma de formación permanente acerca de los medios de comunicación social, sea mediante el estudio personal, sea mediante la participación en un programa organizado, sea con ambos. La educación para el uso de los medios de comunicación social, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ayuda a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos; se trata de un aspecto de la formación de la conciencia. A través de sus escuelas y de sus programas de formación, la Iglesia debería proporcionar este tipo de educación para el uso de los medios de comunicación social ».32 La educación y la formación relativas a Internet pueden integrar programas globales de educación en los medios de comunicación accesibles a los miembros de la Iglesia. En la medida de lo posible la planificación pastoral de los medios de comunicación debería prever esta formación para los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y el personal pastoral laico como maestros, padres y estudiantes.33 Los jóvenes, en particular, necesitan que se les enseñe « no sólo a ser buenos cristianos cuando son receptores, sino también cuando son activos al usar todas las ayudas para la comunicación que ofrecen los medios de comunicación. (...) Así, los jóvenes se convertirán en auténticos ciudadanos de la era de las comunicaciones sociales que parece iniciarse en este tiempo »,34 era en que se considera a los medios de comunicación como « parte integrante de una cultura aún inacabada cuyas plenas implicaciones todavía no se entienden perfectamente ».35 Así, la enseñanza sobre Internet y las nuevas tecnologías implica mucho más que meras enseñanzas técnicas; los jóvenes necesitan aprender cómo funcionar bien en el mundo del ciberespacio, cómo hacer juicios maduros, según sólidos criterios morales, sobre lo que encuentran en él, y cómo usar la nueva tecnología para su desarrollo integral y en beneficio de los demás. 8. Internet también plantea algunos problemas especiales a la Iglesia, además de los de índole general discutidos en el documento adjunto a este.36 A la vez que se destaca lo que es positivo en relación con Internet, es importante aclarar lo que no lo es. En un nivel muy profundo, « a veces el mundo de los medios de comunicación puede parecer indiferente e incluso hostil a la fe y a la moral cristiana. En parte esto se debe a que la cultura de los medios de comunicación se ha ido impregnando progresivamente de una mentalidad típicamente posmoderna, según la cual la única verdad absoluta es que no existen verdades absolutas o, en caso de que existieran, serían inaccesibles a la razón humana y, por tanto, irrelevantes ».37 Entre los problemas específicos creados por Internet figura la presencia de sitios llenos de odio dedicados a difamar y atacar a los grupos religiosos y étnicos. Algunos de ellos toman como blanco a la Iglesia católica. Como la pornografía y la violencia en los medios de comunicación, estos sitios de Internet « evidencian la componente más turbia de la naturaleza humana, dañada por el pecado ».38 Y aunque el respeto a la libertad de expresión exige a veces tolerar hasta cierto punto incluso las voces de lo negativo, la aplicación de la autorregulación y, cuando sea necesario, la intervención de la autoridad pública, deberían establecer y hacer respetar algunos límites razonables acerca de lo que se puede decir. La proliferación de sitios web que se autodefinen católicos plantea un problema de tipo diferente. Como hemos dicho, los grupos vinculados a la Iglesia deberían estar creativamente presentes en Internet; y las personas bien motivadas e informadas, así como los grupos no oficiales que actúan por su propia iniciativa, también tienen derecho a estar en él. Pero origina confusión, por lo menos, no distinguir interpretaciones doctrinales desviadas, prácticas arbitrarias de devoción y posturas ideológicas que se autocalifican de « católicas », de las posiciones auténticas de la Iglesia. Sugerimos un enfoque de esta cuestión más adelante. 9. Algunas otras cuestiones requieren mucha reflexión. Con respecto a ellas, instamos a proseguir la investigación y el estudio continuos, incluyendo « la elaboración de una antropología y una verdadera teología de la comunicación »,39 con referencia específica a Internet. Desde luego, además del estudio y la investigación, se puede y se debe proponer una programación pastoral positiva para el uso de Internet.40 Un área de investigación podría responder a la sugerencia según la cual la amplia gama de opciones relativas a los productos y servicios destinados al consumidor disponibles en Internet tiene un efecto indirecto por lo que atañe a la religión, y favorece un enfoque de « consumidor » sobre cuestiones de fe. Los datos sugieren que algunos visitantes de los sitios web religiosos pueden hacer compras, seleccionar y escoger elementos de paquetes religiosos a medida del usuario para adaptarlos a sus gustos personales. La « tendencia, por parte de algunos católicos, de matizar el grado de adhesión » 41 a la enseñanza de la Iglesia es un problema conocido en otros contextos; se necesita más información para saber si, y hasta qué punto, Internet agrava este problema. De modo análogo, como observamos antes, la realidad virtual del ciberespacio tiene algunas implicaciones preocupantes tanto para la religión como para otras áreas de la vida. La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ni la realidad sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción del mundo real con otras personas de fe. Este es otro aspecto de Internet que requiere estudio y reflexión. Al mismo tiempo, la programación pastoral debería considerar cómo llevar a las personas desde el ciberespacio hasta una auténtica comunidad y cómo podría luego usarse Internet, mediante la enseñanza y la catequesis, para apoyarlos y enriquecerlos en su compromiso cristiano. III RECOMENDACIONES Y CONCLUSIÓN 10. Los creyentes, presentes también en Internet con sus legitimas inquietudes, desean una presencia activa de cara al futuro de este nuevo medio. Por supuesto que esto conlleva una adaptación de la mentalidad a las características y estilo del mismo. Es importante, además, que la gente en todos los sectores de la Iglesia use Internet de modo creativo para asumir sus responsabilidades y realizar la obra de la Iglesia. No es aceptable quedarse atrás tímidamente por miedo a la tecnología o por cualquier otra razón, considerando las numerosas posibilidades positivas que ofrece Internet. « Métodos para facilitar la comunicación y el diálogo entre sus propios miembros pueden fortalecer los vínculos de unidad entre los mismos. El acceso inmediato a la información le da a la Iglesia la posibilidad de ahondar en su diálogo con el mundo contemporáneo. (...) La Iglesia tiene más facilidades para informar al mundo acerca de sus creencias y explicar los motivos de su actitud sobre cualquier problema o acontecimiento concretos. También puede escuchar con más claridad la voz de la opinión pública y estar en el centro de un debate continuo con el mundo, comprometiéndose así más a fondo en la búsqueda común por resolver los problemas más urgentes de la humanidad ».42 11. Por tanto, al concluir estas reflexiones, ofrecemos palabras de aliento a algunos grupos en particular: a los dirigentes de la Iglesia, a los agentes pastorales, a los educadores, a los padres y, de modo especial, a los jóvenes. A los dirigentes de la Iglesia. Los responsables de los diversos ámbito de la Iglesia necesitan conocer las características de los medios de cominicación social de cara a un uso adecuado de los mismos en la elaboración de planes pastorales en general y referentes al sector mismo de la comunicación.43 En muchos se hace necesaria una formación específica para ello; de hecho, « sería un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación social ».44 Esto se aplica tanto a Internet como a los medios de comunicación tradicionales. Los dirigentes de la Iglesia están obligados a usar « las potencialidades de esta ‘edad informática', con el fin de servir a la vocación humana y trascendente de cada ser humano, y así glorificar al Padre, de quien viene todo bien ».45 Pueden emplear esta notable tecnología en muchos y diferentes aspectos de la misión de la Iglesia, al mismo tiempo que aprovechan también las oportunidades que ofrecen para la cooperación ecuménica e interreligiosa. Como hemos visto, un aspecto especial de Internet concierne a la proliferación, a veces confusa, de sitios web no oficiales que se definen « católicos ». Con respecto al material de índole catequética o específicamente doctrinal, podría ser útil un sistema de certificación voluntaria a nivel local y nacional bajo la supervisión de representantes del Magisterio. No se trata de censura, sino de ofrecer a los usuarios de Internet una guía segura sobre lo que expresa la posición auténtica de la Iglesia. A los agentes pastorales. Sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes pastorales laicos deberían procurar formarse en los medios de comunicación para saber hacen buen uso de las posibilidades de las comunicaciones sociales sobre las personas y la sociedad, de modo que les ayude a adquirir un estilo de comunicación que hable a las sensibilidades y a los intereses de la gente que vive inmersa en una cultura mediática. Hoy esto les exige claramente el aprendizaje de Internet, incluyendo cómo usarlo en su trabajo. También pueden beneficiarse de los sitios web que posibilitan una actualización teológica y pastoral. Con respecto al personal de la Iglesia implicado directamente en los medios de comunicación, no es necesario decir que debe contar con formación profesional. Pero también precisa formación doctrinal y espiritual, puesto que « para testimoniar a Cristo es necesario encontrarse personalmente con él y cultivar esa relación a través de la oración, la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, leyendo y meditando la palabra de Dios, estudiando la doctrina cristiana y sirviendo a los demás ».46 A los educadores y a los catequistas. La instrucción pastoral Communio et progressio habla de la « obligación urgente » que tienen las escuelas católicas de formar a comunicadores y receptores de las comunicaciones sociales en los principios cristianos pertinentes.47 Este mismo mensaje ha sido repetido muchas veces. En la era de Internet, con su enorme alcance e impacto, esta necesidad es más urgente que nunca. Las universidades, los colegios y las escuelas católicos, así como los programas educativos en todos los niveles, deberían ofrecer cursos para varios grupos —« seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas o animadores laicos; (...) profesores, padres y estudiantes »,48— así como una formación más esmerada en cuestiones de tecnología, administración, ética y política de las comunicaciones destinada a las personas que se preparan para trabajar profesionalmente en los medios de comunicación o para desempeñar funciones directivas, incluyendo a quienes trabajan para la Iglesia en las comunicaciones sociales. Además, confiamos los problemas y las cuestiones antes mencionados a la atención de alumnos e investigadores de las disciplinas pertinentes en las instituciones católicas de estudios superiores. A los padres. Por el bien de sus hijos, así como por el suyo propio, los padres deben « aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social ».49 En lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso.50 Si esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo. La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depredadores sexuales y de otras amenazas. No debería permitírseles la exposición sin supervisión a Internet. Los padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y experimenta en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias que tienen los mismos valores y preocupaciones. Aquí, el deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y responsables de Internet, y no adictos a ella, que se alejan del contacto con sus coetáneos y con la naturaleza. A los niños y a los jóvenes. Internet es una puerta abierta a un mundo atractivo y fascinante, con una fuerte influencia formativa; pero no todo lo que está al otro lado de la puerta es saludable, sano y verdadero. « Los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial ».51 Los jóvenes tienen consigo mismos, con sus padres, familias y amigos, con sus pastores y maestros y, por último, con Dios, el deber de usar Internet correctamente. Internet pone al alcance de los jóvenes en una edad inusualmente temprana una inmensa capacidad de hacer el bien o el mal, a sí mismos y a los demás. Puede enriquecer su vida más allá de los sueños de las generaciones anteriores, y capacitarlos para que, a su vez, enriquezcan la vida de los demás. También puede arrastrarlos al consumismo, a la pornografía, a fantasías violentas y a un aislamiento patológico. Los jóvenes, como se ha dicho repetidamente, son el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Un uso correcto de Internet puede ayudar a prepararlos para sus responsabilidades en ambas. Pero esto no sucederá automáticamente. Internet no es sólo un medio de entretenimiento y gratificación del usuario. Es un instrumento para realizar un trabajo útil, y los jóvenes deben aprender a verlo y usarlo así. En el ciberespacio, al menos como en cualquier otro lugar, pueden estar llamados a ir contra corriente, ejercer la contracultura e, incluso, sufrir persecución por estar a favor de lo verdadero y bueno. 12. A todas las personas de buena voluntad. Por último, queremos sugerir algunas virtudes que debe cultivar todo el que quiera hacer buen uso de Internet; su práctica se ha de basar y guiar por una valoración realista de sus contenidos. Se necesita prudencia para ver claramente las implicaciones —el potencial para el bien y para el mal— de este nuevo medio y responder creativamente a sus desafíos y oportunidades. Se necesita justicia, especialmente justicia en el trabajo de cerrar la brecha digital, la separación entre ricos y pobres en información en el mundo actual.52 Esto requiere un compromiso en favor del bien común internacional, así como la « globalización de la solidaridad ».53 Se necesita fortaleza y valentía. Esto implica defender la verdad frente al relativismo religioso y moral, el altruismo y la generosidad frente al consumismo individualista, y la decencia frente a la sensualidad y el pecado. Se necesita templanza, autodisciplina ante este formidable instrumento tecnológico que es Internet, para usarlo con sabiduría y exclusivamente para el bien. Al reflexionar sobre Internet, como sobre todos los otros medios de comunicación social, recordamos que Cristo es « el perfecto comunicador »,54 la norma y el modelo de la Iglesia del enfoque sobre la comunicación, así como del contenido que debe comunicar. « Ojalá que los católicos comprometidos en el mundo de las comunicaciones sociales prediquen desde las azoteas la verdad de Jesús con mucho más valor y alegría, de forma que todos los hombres y mujeres puedan oír hablar del amor que es el centro de la autocomunicación de Dios en Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre ».55 Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, Fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol. John P. Foley Presidente Pierfranco Pastore Secretario (1) Juan Pablo II, Carta encíclica Laborem exercens, n. 25; cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 34. (2) Concilio Vaticano II, Decreto sobre los medios de Comunicación Social Inter mirifica, n. 1. (3) Véanse, por ejemplo, Inter mirifica; los mensajes de los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II con ocasión de las Jornadas mundiales de las comunicaciones sociales; Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral Communio et progressio, Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral; instrucción pastoral Aetatis novae; Ética en la Publicidad, Ética en las Comunicaciones. (4) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral, n. 30. (5) Communio et progressio, n. 2. (6) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 4 de junio de 2000. (7) Communio et progressio, n. 10. (8) Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual Gaudium et spes, n. 39. (9) Inter mirifica, n. 2. (10) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Etica en Internet. (11) Aetatis novae, n. 8. (12) Ib. (13) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 3. (14) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, n. 10. (15) Cf. Aetatis novae, n. 10. (16) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26. (17) Communio et progressio, n. 128. (18) Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 45. (19) Encíclica Redemptoris missio, n. 37. (20) Aetatis novae, 2. (21) Juan Pablo II, Mens
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PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES LA IGLESIA E INTERNET I. Introducción I 1. El interés de la Iglesia por Internet es una expresión particular de su antiguo interés por los medios de comunicación social. Considerándolos como un resultado del proceso histórico científico por el que la humanidad « avanza cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado »,1 la Iglesia ha declarado a menudo su convicción de que los medios de comunicación son, como dice el Vaticano II, « maravillosos inventos de la técnica »,2 que ya hacen mucho para afrontar las necesidades humanas y pueden hacer aún mucho más. Así, la Iglesia ha tenido un enfoque fundamentalmente positivo de los medios de comunicación.3 Los documentos del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, aun condenando abusos serios, se han preocupado por aclarar que « una actitud de pura restricción o de censura por parte de la Iglesia (...) ni es suficiente ni apropiada ».4 Citando la carta encíclica Miranda prorsus del Papa Pío XII, del año 1957, la instrucción pastoral sobre los Medios de Comunicación Social Communio et progressio, publicada en 1971, subrayó este punto: « La Iglesia los ve como ‘dones de Dios', ya que, según designio de la divina Providencia, unen fraternalmente a los hombres para que colaboren así con su voluntad salvífica ».5 Esta sigue siendo nuestra opinión, y es la misma opinión que tenemos de Internet. 2. Desde el punto de vista de la Iglesia, la historia de la comunicación humana es como un largo viaje, que lleva a la humanidad « desde el orgulloso proyecto de Babel y la caída en la confusión e incomprensión mutua que produjo (cf. Gn 11, 1-9), hasta Pentecostés y el don de lenguas: una restauración de la comunicación, centrada en Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo ».6 En la vida, muerte y resurrección de Cristo, el fundamento último y el primer modelo de la « comunicación entre los hombres lo encontramos en Dios que se ha hecho hombre y hermano ».7 Los medios modernos de comunicación social son una parte importante de esta historia. Como dice el Concilio Vaticano II « aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios ».8 Viendo a esta luz los medios de comunicación social, descubrimos que « contribuyen eficazmente a descansar y cultivar el espíritu y a propagar y fortalecer el reino de Dios ».9 Hoy esto se aplica de modo especial a Internet, que está contribuyendo a realizar cambios revolucionarios en el comercio, la educación, la política, el periodismo, las relaciones entre las naciones y entre las culturas, cambios no sólo en el modo como la gente se comunica, sino también en el modo como comprende su vida. Discutimos la dimensión ética de estos temas en otro documento sobre cuestiones análogas.10 Aquí consideramos las implicaciones que tiene Internet para la religión y especialmente para la Iglesia católica. 3. La Iglesia tiene un doble objetivo con respecto a los medios de comunicación. Uno de ellos consiste en fomentar su correcto desarrollo y uso con vistas al progreso humano, la justicia y la paz, para la construcción de la sociedad en los ámbitos local, nacional y comunitario a la luz del bien común y con espíritu de solidaridad. Al considerar la gran importancia de las comunicaciones sociales, la Iglesia « desea poder entablar un diálogo honrado y respetuoso con los responsables de los medios de comunicación »,11 un diálogo que atañe principalmente a la programación de dichos medios. « Este diálogo implica que la Iglesia se esfuerce en comprender los medios de comunicación —sus objetivos, sus estructuras internas y sus modalidades— y que sostenga y anime a los que trabajan en ellos. Basándose en esta comprensión y este apoyo, se pueden hacer propuestas significativas con vistas a la eliminación de los obstáculos que se oponen al progreso humano y a la proclamación del Evangelio ».12 Pero la preocupación de la Iglesia también se refiere a la comunicación en y por la Iglesia misma. Esta comunicación es más que un ejercicio de técnica, pues « se basa en la comunicación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y en su comunicación con nosotros »; y la realización de esta comunicación trinitaria « llega hasta la humanidad: el Hijo es la Palabra, pronunciada eternamente por el Padre; y en Jesucristo y por Jesucristo, Hijo y Palabra hecha carne, Dios se comunica a sí mismo y comunica su salvación a los hombres y mujeres ».13 Dios sigue comunicándose con la humanidad a través de la Iglesia, portadora y depositaria de su revelación, a cuyo ministerio de enseñanza viva ha confiado la tarea de interpretar de modo auténtico su palabra14. Además, la Iglesia misma es communio, una comunión de personas y comunidades eucarísticas que nacen de la comunión de la Trinidad y se reflejan en ella;15 por tanto, la comunicación es la esencia de la Iglesia. Por esta razón, más que por cualquier otra, « el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia debería ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como otros importantes principios y normas ».16 4. Hace tres décadas la Communio et progressio señalaba que « los medios modernos de comunicación ofrecen nuevos instrumentos para que la gente se confronte con el mensaje del Evangelio ».17 El Papa Pablo VI afirmó que la Iglesia « se sentiría culpable ante Dios », si dejara de usar los medios de comunicación para la evangelización.18 El Papa Juan Pablo II definió los medios de comunicación como « el primer areópago de la edad moderna », y declaró que « no basta usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta ‘nueva cultura' creada por la comunicación moderna ».19 Hacer esto es muy importante hoy en día, no sólo porque los medios de comunicación ejercen una fuerte influencia en lo que la gente piensa sobre la vida, sino también porque en gran parte « la experiencia humana como tal ha llegado a ser una experiencia de los medios de comunicación ».20 Todo esto se aplica a Internet. Y aunque el mundo de las comunicaciones sociales « puede dar la impresión de oponerse al mensaje cristiano, también ofrece oportunidades únicas para proclamar la verdad salvífica de Cristo a la entera familia humana. (...) Pensemos (...) en las grandes posibilidades que brinda Internet para difundir información y enseñanza de carácter religioso, superando obstáculos y fronteras. Los que han predicado el Evangelio antes que nosotros jamás hubieran podido imaginar una audiencia tan vasta. (...) Los católicos no deberían tener miedo de abrir las puertas de los medios de comunicación social a Cristo, para que la buena nueva pueda ser oída desde las azoteas del mundo ».21 II 5. « Las comunicaciones que se hacen en la Iglesia y por la Iglesia consisten esencialmente en el anuncio de la buena nueva de Jesucristo. Es la proclamación del Evangelio como palabra profética y liberadora dirigida a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo; es el testimonio dado de la verdad divina y el destino trascendente de la persona humana, frente a una secularización radical; es ponerse de parte de la justicia, en solidaridad con todos los creyentes, al servicio de la comunión de los pueblos, las naciones y las culturas, frente a los conflictos y las divisiones ».22 Dado que anunciar la buena nueva a la gente formada por una cultura de los medios de comunicación requiere considerar atentamente las características especiales de los medios mismos, la Iglesia necesita ahora comprender Internet. Esto es preciso para comunicarse eficazmente con la gente, de manera especial con los jóvenes, que están sumergidos en la experiencia de esta nueva tecnología, y también para usarla bien. Los medios de comunicación ofrecen importantes beneficios y ventajas desde una perspectiva religiosa: « Transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis. Diariamente proporcionan inspiración, aliento y oportunidades de participar en funciones litúrgicas a personas obligadas a permanecer en sus hogares o en instituciones ».23 Además de estos beneficios, hay otros que son peculiares de Internet. Esta proporciona al público un acceso directo e inmediato a importantes recursos religiosos y espirituales: grandes bibliotecas, museos y lugares de culto, documentos del Magisterio, y escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia, y la sabiduría religiosa de todos los tiempos. Posee una notable capacidad de superar las distancias y el aislamiento, poniendo en contacto a personas animadas por sentimientos de buena voluntad que participan en comunidades virtuales de fe para alentarse y apoyarse recíprocamente. La Iglesia puede prestar un servicio importante tanto a los católicos como a los no católicos mediante la selección y la transmisión de datos útiles en este medio. Internet es importante para muchas actividades y programas de la Iglesia: la evangelización, que incluye tanto la re-evangelización como la nueva evangelización y la tradicional labor misionera ad gentes; la catequesis y otros tipos de educación; las noticias y la información; la apologética, el gobierno y la administración; y algunas formas de asesoría pastoral y dirección espiritual. Aunque la realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad real e interpersonal o a la realidad encarnada de los sacramentos y la liturgia, o la proclamación inmediata y directa del Evangelio, puede complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia más plena de la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez que les brinda sus experiencias religiosas. También proporciona a la Iglesia medios para comunicarse con grupos particulares —jóvenes y adultos, ancianos e impedidos, personas que viven en zonas remotas, miembros de otras comunidades religiosas— a los que de otra manera difícilmente podría llegar. Un número creciente de parroquias, diócesis, congregaciones religiosas, instituciones relacionadas con la Iglesia, programas y todo tipo de organizaciones hacen ahora uso efectivo de Internet con estas y otras finalidades. En algunos lugares, tanto a nivel nacional como regional, han existido proyectos creativos patrocinados por la Iglesia. La Santa Sede ha estado activa en esta área durante muchos años, y sigue difundiendo y desarrollado su presencia en Internet. A los grupos vinculados a la Iglesia que todavía no han dado este paso se les anima a considerar la posibilidad de hacerlo cuanto antes. Recomendamos encarecidamente el intercambio de ideas e información sobre Internet entre quienes ya tienen experiencia en este campo y quienes son principiantes. 6. La Iglesia también necesita comprender y usar Internet como un medio de comunicaciones internas. Esto requiere tener claramente en cuenta su carácter especial de medio directo, inmediato, interactivo y participativo. El doble canal de interactividad de Internet ya está borrando la antigua distinción entre quienes comunican y quienes reciben lo que se comunica,24 y está creando una situación en la que, al menos potencialmente, todos pueden hacer ambas cosas. Esta no es la comunicación del pasado en una única dirección, de arriba a abajo. A medida que la gente se familiarice con esta característica de Internet en otros ámbitos de su vida, se puede esperar que lo utilice también por lo que respecta a la religión y a la Iglesia. La tecnología es nueva, pero los criterios no. El Concilio Vaticano II afirmó que los miembros de la Iglesia deberían manifestar a sus pastores « sus necesidades y deseos con la libertad y confianza que deben tener los hijos de Dios y hermanos en Cristo »; de hecho, de acuerdo con su conocimiento, competencia o posición, los fieles « tienen el derecho, e incluso algunas veces el deber, de expresar sus opiniones sobre lo que se refiere al bien de la Iglesia ».25 La Communio et progressio subrayó que, como « cuerpo vivo », la Iglesia « necesita el intercambio de las legítimas opiniones de sus miembros ».26 Aun cuando las verdades de fe « no dejan espacio a interpretaciones arbitrarias », la constitución pastoral observa que existe « una enorme área donde los miembros de la Iglesia pueden expresar sus puntos de vista ».27 Ideas similares se expresan en el Código de derecho canónico,28 así como en los documentos más recientes del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.29 La Aetatis novae define la comunicación de dos direcciones y la opinión pública como « una forma concreta de llevar a la práctica el carácter de communio de la Iglesia ».30 Ética en las comunicaciones sociales afirma: « Un flujo recíproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son expresiones importantes del ‘derecho fundamental al diálogo y a la información en el seno de la Iglesia' ».31 Internet proporciona un medio tecnológico eficaz para realizar esta perspectiva. Así pues, aquí tenemos un instrumento que se puede usar creativamente para varios aspectos de administración y gobierno. Además de abrir canales para la expresión de la opinión pública, pensamos en otros elementos, como consultar expertos, preparar encuentros y practicar la colaboración en las Iglesias e institutos religiosos, a nivel local, nacional e internacional, así como entre ellos. 7. La educación y la formación son otras áreas oportunas y necesarias. « Hoy todos necesitan alguna forma de formación permanente acerca de los medios de comunicación social, sea mediante el estudio personal, sea mediante la participación en un programa organizado, sea con ambos. La educación para el uso de los medios de comunicación social, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ayuda a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos; se trata de un aspecto de la formación de la conciencia. A través de sus escuelas y de sus programas de formación, la Iglesia debería proporcionar este tipo de educación para el uso de los medios de comunicación social ».32 La educación y la formación relativas a Internet pueden integrar programas globales de educación en los medios de comunicación accesibles a los miembros de la Iglesia. En la medida de lo posible la planificación pastoral de los medios de comunicación debería prever esta formación para los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y el personal pastoral laico como maestros, padres y estudiantes.33 Los jóvenes, en particular, necesitan que se les enseñe « no sólo a ser buenos cristianos cuando son receptores, sino también cuando son activos al usar todas las ayudas para la comunicación que ofrecen los medios de comunicación. (...) Así, los jóvenes se convertirán en auténticos ciudadanos de la era de las comunicaciones sociales que parece iniciarse en este tiempo »,34 era en que se considera a los medios de comunicación como « parte integrante de una cultura aún inacabada cuyas plenas implicaciones todavía no se entienden perfectamente ».35 Así, la enseñanza sobre Internet y las nuevas tecnologías implica mucho más que meras enseñanzas técnicas; los jóvenes necesitan aprender cómo funcionar bien en el mundo del ciberespacio, cómo hacer juicios maduros, según sólidos criterios morales, sobre lo que encuentran en él, y cómo usar la nueva tecnología para su desarrollo integral y en beneficio de los demás. 8. Internet también plantea algunos problemas especiales a la Iglesia, además de los de índole general discutidos en el documento adjunto a este.36 A la vez que se destaca lo que es positivo en relación con Internet, es importante aclarar lo que no lo es. En un nivel muy profundo, « a veces el mundo de los medios de comunicación puede parecer indiferente e incluso hostil a la fe y a la moral cristiana. En parte esto se debe a que la cultura de los medios de comunicación se ha ido impregnando progresivamente de una mentalidad típicamente posmoderna, según la cual la única verdad absoluta es que no existen verdades absolutas o, en caso de que existieran, serían inaccesibles a la razón humana y, por tanto, irrelevantes ».37 Entre los problemas específicos creados por Internet figura la presencia de sitios llenos de odio dedicados a difamar y atacar a los grupos religiosos y étnicos. Algunos de ellos toman como blanco a la Iglesia católica. Como la pornografía y la violencia en los medios de comunicación, estos sitios de Internet « evidencian la componente más turbia de la naturaleza humana, dañada por el pecado ».38 Y aunque el respeto a la libertad de expresión exige a veces tolerar hasta cierto punto incluso las voces de lo negativo, la aplicación de la autorregulación y, cuando sea necesario, la intervención de la autoridad pública, deberían establecer y hacer respetar algunos límites razonables acerca de lo que se puede decir. La proliferación de sitios web que se autodefinen católicos plantea un problema de tipo diferente. Como hemos dicho, los grupos vinculados a la Iglesia deberían estar creativamente presentes en Internet; y las personas bien motivadas e informadas, así como los grupos no oficiales que actúan por su propia iniciativa, también tienen derecho a estar en él. Pero origina confusión, por lo menos, no distinguir interpretaciones doctrinales desviadas, prácticas arbitrarias de devoción y posturas ideológicas que se autocalifican de « católicas », de las posiciones auténticas de la Iglesia. Sugerimos un enfoque de esta cuestión más adelante. 9. Algunas otras cuestiones requieren mucha reflexión. Con respecto a ellas, instamos a proseguir la investigación y el estudio continuos, incluyendo « la elaboración de una antropología y una verdadera teología de la comunicación »,39 con referencia específica a Internet. Desde luego, además del estudio y la investigación, se puede y se debe proponer una programación pastoral positiva para el uso de Internet.40 Un área de investigación podría responder a la sugerencia según la cual la amplia gama de opciones relativas a los productos y servicios destinados al consumidor disponibles en Internet tiene un efecto indirecto por lo que atañe a la religión, y favorece un enfoque de « consumidor » sobre cuestiones de fe. Los datos sugieren que algunos visitantes de los sitios web religiosos pueden hacer compras, seleccionar y escoger elementos de paquetes religiosos a medida del usuario para adaptarlos a sus gustos personales. La « tendencia, por parte de algunos católicos, de matizar el grado de adhesión » 41 a la enseñanza de la Iglesia es un problema conocido en otros contextos; se necesita más información para saber si, y hasta qué punto, Internet agrava este problema. De modo análogo, como observamos antes, la realidad virtual del ciberespacio tiene algunas implicaciones preocupantes tanto para la religión como para otras áreas de la vida. La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ni la realidad sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción del mundo real con otras personas de fe. Este es otro aspecto de Internet que requiere estudio y reflexión. Al mismo tiempo, la programación pastoral debería considerar cómo llevar a las personas desde el ciberespacio hasta una auténtica comunidad y cómo podría luego usarse Internet, mediante la enseñanza y la catequesis, para apoyarlos y enriquecerlos en su compromiso cristiano. III 10. Los creyentes, presentes también en Internet con sus legitimas inquietudes, desean una presencia activa de cara al futuro de este nuevo medio. Por supuesto que esto conlleva una adaptación de la mentalidad a las características y estilo del mismo. Es importante, además, que la gente en todos los sectores de la Iglesia use Internet de modo creativo para asumir sus responsabilidades y realizar la obra de la Iglesia. No es aceptable quedarse atrás tímidamente por miedo a la tecnología o por cualquier otra razón, considerando las numerosas posibilidades positivas que ofrece Internet. « Métodos para facilitar la comunicación y el diálogo entre sus propios miembros pueden fortalecer los vínculos de unidad entre los mismos. El acceso inmediato a la información le da a la Iglesia la posibilidad de ahondar en su diálogo con el mundo contemporáneo. (...) La Iglesia tiene más facilidades para informar al mundo acerca de sus creencias y explicar los motivos de su actitud sobre cualquier problema o acontecimiento concretos. También puede escuchar con más claridad la voz de la opinión pública y estar en el centro de un debate continuo con el mundo, comprometiéndose así más a fondo en la búsqueda común por resolver los problemas más urgentes de la humanidad ».42 11. Por tanto, al concluir estas reflexiones, ofrecemos palabras de aliento a algunos grupos en particular: a los dirigentes de la Iglesia, a los agentes pastorales, a los educadores, a los padres y, de modo especial, a los jóvenes. A los dirigentes de la Iglesia. Los responsables de los diversos ámbito de la Iglesia necesitan conocer las características de los medios de cominicación social de cara a un uso adecuado de los mismos en la elaboración de planes pastorales en general y referentes al sector mismo de la comunicación.43 En muchos se hace necesaria una formación específica para ello; de hecho, « sería un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación social ».44 Esto se aplica tanto a Internet como a los medios de comunicación tradicionales. Los dirigentes de la Iglesia están obligados a usar « las potencialidades de esta ‘edad informática', con el fin de servir a la vocación humana y trascendente de cada ser humano, y así glorificar al Padre, de quien viene todo bien ».45 Pueden emplear esta notable tecnología en muchos y diferentes aspectos de la misión de la Iglesia, al mismo tiempo que aprovechan también las oportunidades que ofrecen para la cooperación ecuménica e interreligiosa. Como hemos visto, un aspecto especial de Internet concierne a la proliferación, a veces confusa, de sitios web no oficiales que se definen « católicos ». Con respecto al material de índole catequética o específicamente doctrinal, podría ser útil un sistema de certificación voluntaria a nivel local y nacional bajo la supervisión de representantes del Magisterio. No se trata de censura, sino de ofrecer a los usuarios de Internet una guía segura sobre lo que expresa la posición auténtica de la Iglesia. A los agentes pastorales. Sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes pastorales laicos deberían procurar formarse en los medios de comunicación para saber hacen buen uso de las posibilidades de las comunicaciones sociales sobre las personas y la sociedad, de modo que les ayude a adquirir un estilo de comunicación que hable a las sensibilidades y a los intereses de la gente que vive inmersa en una cultura mediática. Hoy esto les exige claramente el aprendizaje de Internet, incluyendo cómo usarlo en su trabajo. También pueden beneficiarse de los sitios web que posibilitan una actualización teológica y pastoral. Con respecto al personal de la Iglesia implicado directamente en los medios de comunicación, no es necesario decir que debe contar con formación profesional. Pero también precisa formación doctrinal y espiritual, puesto que « para testimoniar a Cristo es necesario encontrarse personalmente con él y cultivar esa relación a través de la oración, la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, leyendo y meditando la palabra de Dios, estudiando la doctrina cristiana y sirviendo a los demás ».46 A los educadores y a los catequistas. La instrucción pastoral Communio et progressio habla de la « obligación urgente » que tienen las escuelas católicas de formar a comunicadores y receptores de las comunicaciones sociales en los principios cristianos pertinentes.47 Este mismo mensaje ha sido repetido muchas veces. En la era de Internet, con su enorme alcance e impacto, esta necesidad es más urgente que nunca. Las universidades, los colegios y las escuelas católicos, así como los programas educativos en todos los niveles, deberían ofrecer cursos para varios grupos —« seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas o animadores laicos; (...) profesores, padres y estudiantes »,48— así como una formación más esmerada en cuestiones de tecnología, administración, ética y política de las comunicaciones destinada a las personas que se preparan para trabajar profesionalmente en los medios de comunicación o para desempeñar funciones directivas, incluyendo a quienes trabajan para la Iglesia en las comunicaciones sociales. Además, confiamos los problemas y las cuestiones antes mencionados a la atención de alumnos e investigadores de las disciplinas pertinentes en las instituciones católicas de estudios superiores. A los padres. Por el bien de sus hijos, así como por el suyo propio, los padres deben « aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social ».49 En lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso.50 Si esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo. La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depredadores sexuales y de otras amenazas. No debería permitírseles la exposición sin supervisión a Internet. Los padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y experimenta en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias que tienen los mismos valores y preocupaciones. Aquí, el deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y responsables de Internet, y no adictos a ella, que se alejan del contacto con sus coetáneos y con la naturaleza. A los niños y a los jóvenes. Internet es una puerta abierta a un mundo atractivo y fascinante, con una fuerte influencia formativa; pero no todo lo que está al otro lado de la puerta es saludable, sano y verdadero. « Los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial ».51 Los jóvenes tienen consigo mismos, con sus padres, familias y amigos, con sus pastores y maestros y, por último, con Dios, el deber de usar Internet correctamente. Internet pone al alcance de los jóvenes en una edad inusualmente temprana una inmensa capacidad de hacer el bien o el mal, a sí mismos y a los demás. Puede enriquecer su vida más allá de los sueños de las generaciones anteriores, y capacitarlos para que, a su vez, enriquezcan la vida de los demás. También puede arrastrarlos al consumismo, a la pornografía, a fantasías violentas y a un aislamiento patológico. Los jóvenes, como se ha dicho repetidamente, son el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Un uso correcto de Internet puede ayudar a prepararlos para sus responsabilidades en ambas. Pero esto no sucederá automáticamente. Internet no es sólo un medio de entretenimiento y gratificación del usuario. Es un instrumento para realizar un trabajo útil, y los jóvenes deben aprender a verlo y usarlo así. En el ciberespacio, al menos como en cualquier otro lugar, pueden estar llamados a ir contra corriente, ejercer la contracultura e, incluso, sufrir persecución por estar a favor de lo verdadero y bueno. 12. A todas las personas de buena voluntad. Por último, queremos sugerir algunas virtudes que debe cultivar todo el que quiera hacer buen uso de Internet; su práctica se ha de basar y guiar por una valoración realista de sus contenidos. Se necesita prudencia para ver claramente las implicaciones —el potencial para el bien y para el mal— de este nuevo medio y responder creativamente a sus desafíos y oportunidades. Se necesita justicia, especialmente justicia en el trabajo de cerrar la brecha digital, la separación entre ricos y pobres en información en el mundo actual.52 Esto requiere un compromiso en favor del bien común internacional, así como la « globalización de la solidaridad ».53 Se necesita fortaleza y valentía. Esto implica defender la verdad frente al relativismo religioso y moral, el altruismo y la generosidad frente al consumismo individualista, y la decencia frente a la sensualidad y el pecado. Se necesita templanza, autodisciplina ante este formidable instrumento tecnológico que es Internet, para usarlo con sabiduría y exclusivamente para el bien. Al reflexionar sobre Internet, como sobre todos los otros medios de comunicación social, recordamos que Cristo es « el perfecto comunicador »,54 la norma y el modelo de la Iglesia del enfoque sobre la comunicación, así como del contenido que debe comunicar. « Ojalá que los católicos comprometidos en el mundo de las comunicaciones sociales prediquen desde las azoteas la verdad de Jesús con mucho más valor y alegría, de forma que todos los hombres y mujeres puedan oír hablar del amor que es el centro de la autocomunicación de Dios en Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre ».55 Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, Fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol. John P. Foley Presidente Pierfranco Pastore Secretario (1) Juan Pablo II, Carta encíclica Laborem exercens, n. 25; cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 34. (2) Concilio Vaticano II, Decreto sobre los medios de Comunicación Social Inter mirifica, n. 1. (3) Véanse, por ejemplo, Inter mirifica; los mensajes de los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II con ocasión de las Jornadas mundiales de las comunicaciones sociales; Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral Communio et progressio, Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral; instrucción pastoral Aetatis novae; Ética en la Publicidad, Ética en las Comunicaciones. (4) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral, n. 30. (5) Communio et progressio, n. 2. (6) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 4 de junio de 2000. (7) Communio et progressio, n. 10. (8) Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual Gaudium et spes, n. 39. (9) Inter mirifica, n. 2. (10) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Etica en Internet. (11) Aetatis novae, n. 8. (12) Ib. (13) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 3. (14) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, n. 10. (15) Cf. Aetatis novae, n. 10. (16) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26. (17) Communio et progressio, n. 128. (18) Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 45. (19) Encíclica Redemptoris missio, n. 37. (20) Aetatis novae, 2. (21) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 27 de mayo de 2001, n. 3. (22) Aetatis novae, n. 9. (23) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 11. (24) Cf. Communio et progressio, n. 15. (25) Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 37. (26) Communio et progressio, n. 116. (27) Ib., n. 117. (28) Cf. canon 212, § 2 y 3. (29) Cf. Aetatis novae, n. 10; Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26. (30) Aetatis novae, n. 10. (31) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26. (32) Ib., n. 25. (33) Cf. Aetatis novae, n. 28. (34) Communio et progressio, n. 107. (35) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 1990. (36) Cf. Ética en Internet. (37) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, n. 3. (38) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral, n. 6. (39) Aetatis novae, n. 8. (40) Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 39. (41) Cf. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Estados Unidos, n. 5, Los Ángeles, 16 de septiembre de 1987. (42) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1990. (43) Cf. Aetatis novae, nn. 23-33. (44) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26. (45) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. (46) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. (47) Cf. Communio et progressio, n. 107. (48) Aetatis novae, n. 28. (49) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 25. (50) Cf. Juan Pablo II, exhortación apostólica postsinodal Familiaris consortio, n. 76. (51) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 25. (52) Cf. Solidaridad en el Ciberespacio: Reflexiones sobre Etica e Internet, nn. 10 y 17. (53) Juan Pablo II, Discurso al Secretario General y al Comité Administrativo de Coordinación de la ONU, n. 2, 7 de abril de 2000. (54) Communio et progressio, n. 11. (55) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, n. 4. | |
jueves, 23 de junio de 2011
ETIQUETAR A UN ALUMNO SIN CONOCERLO.
Los maestros se encuentran continuamente con alumnos que presentan problemas de atención,de conducta,dificultades en las materias,de adactación con sus compañeros y pueden caer en el error de etiquetarlos sin saber que hay detrás de esas conductas odificultades.
El maestro no debe limitarse solo a dar un informe académico sino a investigar las causas y buscar soluciones favorables al alumno.
La escuela está conciente de que no solo debe educar, sino que más aun debe formar a sus alumnos.Es importante proteger la intimidad del alumno frente a la comunidad escolar.
El alumno con dificultades de aprendisaje es un reto que puede ser vencido con una buena metodología,pero más que nada con amor.
Trabajar en equipo padres,maestro y todo el plantel educativo es lo mejor para tomar las decisiones correctas y sacar adelante al alumno pero ¿que hacer cuando detrás del alumno no hay una familia que lo ayude y lo contenga? como es el caso de Pedro.Creo que la actitud tomada por la maestra fue lo que le cambió la vida.
Evitar etiquet6ar a los alumnos y hacerlos sentir que son valorados logran un cambio positivo en su vida como le pasó a Pedro. .
jueves, 16 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
EDUQUEMOS EN EL USO DE LA TECNOLOGÍA
Benedicto XVI hace una comparación entre las redes sociales y el Atrio de los Gentiles que era el lugar reservado a los que no pertenecían al pueblo de Israel en el Templo de Jerusalén.
Ellos asistían a ese lugar buscando a alguien que no conocían, buscaban llenar el vacío que llevaban adentro. Hoy en nuestro nuevo Atrio se encuentran personas que siguen buscando lo mismo.
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domingo, 29 de mayo de 2011
El rápido desarrollo
«El rápido desarrollo»
1. Un signo del progreso que experimenta la sociedad actual consiste, sin duda, en el rápido desarrollo de las tecnologías en el campo de los medios de comunicación. Al contemplar estas novedades en continua evolución resulta aún más actual cuanto se lee en el Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II «Inter mirifica» promulgado por mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, el 4 de diciembre de 1963: «Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en nuestros tiempos, ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas, la Madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar, con extraordinaria facilidad, todo tipo de noticias, ideas y doctrinas»[1].
I. Un camino fecundo trazado por el Decreto «Inter mirifica»
2. Transcurridos más de cuarenta años desde la publicación de aquel documento, se hace oportuna una nueva reflexión sobre los «desafíos» que las comunicaciones sociales plantean a la Iglesia, la cual, como indicó Pablo VI, «se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios»[2]. De hecho, la Iglesia no ha de contemplar tan sólo el uso de estos medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, hoy más que nunca, para integrar el mensaje salvífico en la ‘nueva cultura’ que precisamente los mismos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y de las tecnologías de la comunicación contemporánea es parte integrante de su propia misión en el tercer milenio.
Movida por esta conciencia, la comunidad cristiana ha dado pasos significativos en el uso de los medios de comunicación para la información religiosa, para la evangelización y la catequesis, para la formación de los agentes de pastoral en este sector y para la educación de una madura responsabilidad de los usuarios y destinatarios de los mismos instrumentos de la comunicación.
3. Los desafíos para la nueva evangelización, en un mundo rico en potencialidad comunicativa como el nuestro, son múltiples. Al tomar en cuenta esta realidad he querido subrayar, en la Carta encíclica «Redemptoris missio», que el mundo de la comunicación es el primer areópago del tiempo moderno, capaz de unificar a la humanidad transformándola, como suele decirse, en «una aldea global». Los medios de comunicación social han alcanzado importancia hasta el punto de que son para muchos el principal instrumento de guía e inspiración para su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, ya que tal cultura, antes que de «los contenidos», nace del hecho mismo de la existencia de nuevos modos de comunicar, dotados de técnicas y lenguajes inéditos.
Vivimos en una época de comunicación global, en que muchos momentos de la existencia humana se articulan a través de procesos mediáticos o por lo menos deben confrontarse con ellos. Me limito a recordar la formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de lazos afectivos, la articulación de las fases educativas y formativas, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica.
En una visión orgánica y correcta del desarrollo del ser humano, los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo los acontecimientos de modo cuidadoso y verdadero, analizando completamente las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de la verdad y la justicia en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte dentro el cual se sitúa una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social.
II. Discernimiento evangélico y compromiso misionero
4. También el mundo de los medios de comunicación necesita la redención de Cristo. Para analizar, con los ojos de la fe, los procesos y el valor de las comunicaciones sociales resulta de indudable utilidad la profundización de la Sagrada Escritura, la cual se presenta como un «gran código» de comunicación de un mensaje no efímero y ocasional, sino fundamental en razón de su valor salvífico.
La historia de la salvación narra y documenta la comunicación de Dios con el hombre, comunicación que utiliza todas las formas y modalidades del comunicar. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para acoger la revelación divina y para entablar un diálogo de amor con Él. A causa del pecado, esta capacidad de diálogo ha sido alterada, sea a escala personal o social, y los hombres han hecho y continúan haciendo la amarga experiencia de la incomprensión y de la lejanía. Sin embargo Dios no los ha abandonado y les ha enviado a su mismo Hijo (cf. Mc 12, 1 11). En el Verbo hecho carne el evento comunicativo asume su máxima dimensión salvífica: de este modo se entrega al hombre, en el Espíritu Santo, la capacidad de recibir la salvación y de anunciarla y testimoniarla a sus hermanos.
5. La comunicación entre Dios y la humanidad ha alcanzado por tanto su perfección en el Verbo hecho carne. El acto de amor a través del cual Dios se revela, unido a la respuesta de fe de la humanidad, genera un diálogo fecundo. Precisamente por esto al hacer nuestra, en cierto modo, la petición de los discípulos «enséñanos a orar» (Lc 11, 1), podemos pedirle al Señor que nos guíe para entender cómo comunicarnos con Dios y con los hombres a través de los maravillosos instrumentos de la comunicación social. Reconducidos al horizonte de tal comunicación última y decisiva, los medios de comunicación social se revelan como una oportunidad providencial para llegar a los hombres en cualquier latitud, superando las barreras de tiempo, de espacio y de lengua, formulando en las más diversas modalidades los contenidos de la fe y ofreciendo a quien busca lugares seguros que permitan entrar en diálogo con el misterio de Dios revelado plenamente en Cristo Jesús.
El Verbo encarnado nos ha dejado el ejemplo de cómo comunicarnos con el Padre y con los hombres, sea viviendo momentos de silencio y de recogimiento, sea predicando en todo lugar y con todos los lenguajes posibles. Él explica las Escrituras, se expresa en parábolas, dialoga en la intimidad de las casas, habla en las plazas, en las calles, en las orillas del lago, sobre las cimas de los montes. El encuentro personal con Él no deja indiferente, al contrario, estimula a imitarlo: «Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a plena la luz; y lo que os digo al oído, proclamadlo desde los terrados» (Mt 10, 27).
Hay después un momento culminante en el cual la comunicación se hace comunión plena: es el encuentro eucarístico. Reconociendo a Jesús en la «fracción del pan» (cf. Lc 24, 30 31), los creyentes se sienten impulsados a anunciar su muerte y resurrección y a volverse valientes y gozosos testigos de su Reino (cf. Lc 24, 35).
6. Gracias a la Redención, la capacidad comunicativa de los creyentes se ha sanado y renovado. El encuentro con Cristo los transforma en criaturas nuevas, les permite entrar a formar parte de aquel pueblo que Él ha conquistado con su sangre muriendo sobre la Cruz, y los introduce en la vida íntima de la Trinidad, que es comunicación continua y circular de amor perfecto e infinito entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La comunicación penetra las dimensiones esenciales de la Iglesia, llamada a anunciar a todos el gozoso mensaje de la salvación. Por esto, ella asume las oportunidades ofrecidas por los instrumentos de la comunicación social como caminos ofrecidos providencialmente por Dios en nuestros días para acrecentar la comunión y hacer más incisivo el anuncio[3]. Los medios de comunicación permiten manifestar el carácter universal del Pueblo de Dios, favoreciendo un intercambio más intenso e inmediato entre las Iglesias locales y alimentando el recíproco conocimiento y colaboración.
III. Cambio de mentalidad y renovación pastoral
7. En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un apoyo excelente para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender aquellos sólidos principios indispensables para la construcción de una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona humana y atenta al bien común. Asimismo la Iglesia los emplea con gusto para la propia información y para dilatar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, en la conciencia de que su utilización da respuesta al mandato del Señor: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15).
Misión ciertamente no fácil en nuestra época, en la cual se ha difundido en muchos la convicción de que el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente: el hombre debería aprender a vivir en un horizonte de total ausencia de sentido, en busca de lo provisorio y de lo fugaz[4]. En este contexto, los instrumentos de comunicación pueden ser usados «para proclamar el Evangelio o para reducirlo al silencio en los corazones de los hombres»[5]. Esto representa un serio reto para los creyentes, sobre todo para los padres, familias y para cuantos son responsables de la formación de la infancia y de la juventud. Es oportuno que, con prudencia y sabiduría pastoral, se fomente en las comunidades eclesiales la dedicación al trabajo en el campo de la comunicación, y así contar con profesionales capaces de un diálogo eficaz con el vasto mundo mediático.
8. Valorizar los medios de comunicación no es sólo tarea de «entendidos» del sector, sino también de toda la comunidad eclesial. Si, como se ha dicho antes, las comunicaciones sociales comprenden todos los ámbitos de la expresión de la fe, es la vida cristiana en conjunto la que debe tener en cuenta la cultura mediática en la que vivimos: desde la liturgia, suprema y fundamental expresión de la comunicación con Dios y con los hermanos, a la catequesis que no puede prescindir del hecho de dirigirse a sujetos influenciados por el lenguaje y la cultura contemporáneos.
El fenómeno actual de las comunicaciones sociales impulsa a la Iglesia a una suerte de «conversión» pastoral y cultural para estar en grado de afrontar de manera adecuada el cambio de época que estamos viviendo. De esta exigencia se deben hacer intérpretes, sobre todo, los Pastores: es importante trabajar para que el anuncio del Evangelio se haga de modo incisivo, que estimule la escucha y favorezca la acogida[6]. En sintonía con los Pastores deben obrar todos los organismos de consejo y de coordinación de modo que, en su campo específico, se identifiquen las líneas pastorales más adecuadas para una eficaz acción misionera. Las personas consagradas, según su propio carisma, tienen una especial responsabilidad en este campo de las comunicaciones sociales. Una vez formadas espiritual y profesionalmente, «presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y, de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos.»[7].
9. Al tener precisamente en cuenta la importancia de los medios de comunicación, hace ya quince años que juzgué insuficiente dejarlos a la iniciativa individual o de grupos pequeños y sugerí que se insertaran con claridad en la programación pastoral[8]. Las nuevas tecnologías, en especial, crean nuevas oportunidades para una comunicación entendida como servicio al gobierno pastoral y a la organización de las diversas tareas de la comunidad cristiana. Piénsese, por ejemplo, en Internet: no sólo proporciona recursos para una mayor información, sino que también habitúa a las personas a una comunicación interactiva[9]. Muchos cristianos ya están usando este nuevo instrumento de modo creativo, explorando las potencialidades para la evangelización, para la educación, para la comunicación interna, para la administración y el gobierno. Junto a Internet se van utilizando nuevos medios y verificando nuevas formas de utilizar los instrumentos tradicionales. Los periódicos, las revistas, las publicaciones varias, la televisión y la radio católicos siguen siendo, todavía hoy, indispensables en el panorama completo de las comunicaciones eclesiales.
Los contenidos –que, naturalmente, se deben adaptar a las necesidades de los diversos grupos-, tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información[10]. Del mismo modo, es importante garantizar la formación y la atención pastoral de los profesionales de la comunicación. Con frecuencia estas personas se encuentran ante presiones particulares y dilemas éticos que emergen del trabajo cotidiano; muchos de ellos «están sinceramente deseosos de saber y de practicar lo que es justo en el campo ético y moral» y esperan de la Iglesia orientación y apoyo[11].
IV. Los medios de comunicación, encrucijada de las grandes cuestiones sociales
10. La Iglesia, que en razón del mensaje de salvación confiado por su Señor es maestra de humanidad, siente el deber de ofrecer su propia contribución para una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades ligadas al actual desarrollo de las comunicaciones sociales. Precisamente porque influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman la mentalidad y determinan la visión de las cosas, es necesario insistir de manera clara y fuerte que los instrumentos de la comunicación social constituyen un patrimonio que se debe tutelar y promover. Es necesario que las comunicaciones sociales entren en un cuadro de derechos y deberes orgánicamente estructurados, sea desde el punto de vista de la formación y responsabilidad ética, cuanto de la referencia a las leyes y a las competencias institucionales.
El positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común es una responsabilidad de todos y de cada uno[12]. Debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, es necesario un sistema de gestión que esté en grado de salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, el primado de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias.
11. Se imponen algunas decisiones que se pueden sintetizar en tres opciones fundamentales: formación, participación, diálogo.
En primer lugar es necesaria una vasta obra formativa para que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que en vez de estar al servicio de las personas, las instrumentalicen y las condicionen gravemente. Esto vale, de manera especial, para los jóvenes que manifiestan una natural propensión a las innovaciones tecnológicas y que, por eso mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación.
En segundo lugar, quisiera dirigir la atención sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación responsable en la gestión de los mismos. Si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar el pluralismo y para hacer posible una verdadera participación de todos en su gestión, incluso a través de oportunas medidas legislativas. Es necesario hacer crecer la cultura de la corresponsabilidad.
Por último, no se debe olvidar las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen para favorecer el diálogo convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Dichos medios constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, un «arma» destructiva, si se usan para alimentar injusticias y conflictos. De manera profética, mi predecesor el beato Juan XXIII, en la encíclica «Pacem in terris», había ya puesto en guardia a la humanidad sobre tales potenciales riesgos[13].
12. Suscita un gran interés la reflexión sobre la participación «de la opinión pública en la Iglesia» y «de la Iglesia en la opinión pública». Mi predecesor Pío XII, de feliz memoria, al encontrarse con los editores de los periódicos católicos les decía que algo faltaría en vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias[14], en el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, se reconoce el derecho a expresar la propia opinión[15]. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea límites intrínsecos a las expresiones de las propias valoraciones, no es menos cierto que existe en otros campos, entre los católicos, un amplio espacio para el intercambio de opiniones, en un diálogo respetuoso de la justicia y de la prudencia.
Tanto la comunicación en el seno de la comunidad eclesial, como la de Iglesia con el mundo, exigen transparencia y un modo nuevo de afrontar las cuestiones referentes al universo de los medios de comunicación. Tal comunicación debe tender a un diálogo constructivo para promover en la comunidad cristiana una opinión pública rectamente informada y capaz de discernir. La Iglesia, al igual que otras instituciones o grupos, tiene la necesidad y el derecho de dar a conocer las propias actividades pero al mismo tiempo, cuando sea necesario, debe poder garantizar una adecuada reserva, sin que ello perjudique una comunicación puntual y suficiente de los hechos eclesiales. Es éste uno de los campos donde se requiere una mayor colaboración entre fieles laicos y pastores ya que, como subraya oportunamente el Concilio, «de este trato familiar entre los laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia, porque así se robustece en los seglares el sentido de su propia responsabilidad, se fomenta el entusiasmo y se asocian con mayor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los pastores. Pues estos últimos, ayudados por la experiencia de los laicos, pueden juzgar con mayor precisión y aptitud tanto los asuntos espirituales como los temporales, de suerte que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros, pueda cumplir con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo»[16].
V. Comunicar con la fuerza del Espíritu Santo
13. El gran reto para los creyentes y para las personas de buena voluntad en nuestro tiempo es el de mantener una comunicación verdadera y libre, que contribuya a consolidar el progreso integral del mundo. A todos se les pide saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de los medios de comunicación.
También en este campo los creyentes en Cristo saben que pueden contar con la ayuda del Espíritu Santo. Ayuda aún más necesaria si se considera cuan grandes pueden ser las dificultades intrínsecas a la comunicación, tanto a causa de las ideologías, del deseo de ganancias y de poder, de las rivalidades y de los conflictos entre individuos y grupos, como a causa de la fragilidad humana y de los males sociales. Las modernas tecnologías hacen que crezca de manera impresionante la velocidad, la cantidad y el alcance de la comunicación, pero no favorecen del mismo modo el frágil intercambio entre mente y mente, entre corazón y corazón, que debe caracterizar toda comunicación al servicio de la solidaridad y del amor.
En la historia de la salvación Cristo se nos ha presentado como «comunicador» del Padre: «Dios ... en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,2). Él, Palabra eterna hecha carne, al comunicarse, manifiesta siempre respeto hacia aquellos que le escuchan, les enseña la comprensión de su situación y de sus necesidades, impulsa a la compasión por sus sufrimientos y a la firme resolución de decirles lo que tienen necesidad de escuchar, sin imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral «El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado» (Mt 12,35-37).
14. El apóstol Pablo ofrece un claro mensaje también para cuantos están comprometidos en las comunicaciones sociales -políticos, comunicadores profesionales, espectadores-: « Por lo tanto desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchan» (Ef 4,25.29).
A los operadores de la comunicación y especialmente a los creyentes que trabajan en este importante ámbito de la sociedad, aplico la invitación que desde el inicio de mi ministerio de Pastor de la Iglesia he querido lanzar al mundo entero: «¡No tengáis miedo!».
¡No tengáis miedo de las nuevas tecnologías!, ya que están «entre las cosas maravillosas» –«Inter mirifica»– que Dios ha puesto a nuestra disposición para descubrir, usar, dar a conocer la verdad; también la verdad sobre nuestra dignidad y sobre nuestro destino de hijos suyos, herederos del Reino eterno.
¡No tengáis miedo de la oposición del mundo! Jesús nos ha asegurado «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).
¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! El divino Maestro ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, la perspectiva eterna del cielo, perspectiva que ningún medio de comunicación podrá alcanzar directamente: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman. » (1Cor 2,9).
A María, que nos ha dado el Verbo de vida y ha conservado en su corazón las palabras que no perecen, encomiendo el camino de la Iglesia en el mundo de hoy. Que la Virgen Santa nos ayude a comunicar, con todos lo medios, la belleza y la alegría de la vida en Cristo nuestro Salvador.
Desde el Vaticano, 24 de enero de 2005, memoria de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas.
IOANNES PAULUS II
__________________________________
[1] N. 1.
[2] Exhortación Apostólica «Evangelii nuntiandi» (8 de diciembre de 1975): AAS 68 (1976), 35.
[3] Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica post sinodal «Christifideles laici» (30 de diciembre de 1998), 18 24: AAS (1989), 421 435; cf. Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 10: AAS 84 (1992), 454 455.
[4] Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica «Fides et ratio» (14 de septiembre de 1998), 91: AAS 91 (1999), 76 77.
[5] Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 4: AAS 84 (1992), 450.
[6]Cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Pastores gregis», 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6.
[7]Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Vita consecrata» (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476.
[8]Juan Pablo II, Carta enc. «Redemptoris missio» (7 diciembre 1990), 37: AAS 83 (1991), 282-286.
[9] Cf. Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, «La Iglesia e Internet» (22 febrero 2002), 6: Ciudad del Vaticano, 2002, pp.13-15.
[10] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Inter mirifica, 15-16; Pont. Comisión para los Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 107: AAS 63 (1971) 631-632; Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, inst. pastoral «Ætatis novæ» (22 febrero 1992), 18: AAS 84 (1192), 460.
[11]Cf. Ibid., 19: l.c.
[12] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2494.
[13] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la 37 jornada mundial de las comunicaciones sociales (24 enero 2003): «L’Osservatore Romano», 25 enero 2003, p. 6.
[14] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen Gentium», 37; Pont. Comisión para las Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 114-117: AAS (1971), 634-635.
[15] Can. 212, § 3: «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas».
[16] Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen gentium», 37
CARTA APOSTÓLICA
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
A LOS RESPONSABLES
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
A LOS RESPONSABLES
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
1. Un signo del progreso que experimenta la sociedad actual consiste, sin duda, en el rápido desarrollo de las tecnologías en el campo de los medios de comunicación. Al contemplar estas novedades en continua evolución resulta aún más actual cuanto se lee en el Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II «Inter mirifica» promulgado por mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, el 4 de diciembre de 1963: «Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en nuestros tiempos, ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas, la Madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar, con extraordinaria facilidad, todo tipo de noticias, ideas y doctrinas»[1].
I. Un camino fecundo trazado por el Decreto «Inter mirifica»
2. Transcurridos más de cuarenta años desde la publicación de aquel documento, se hace oportuna una nueva reflexión sobre los «desafíos» que las comunicaciones sociales plantean a la Iglesia, la cual, como indicó Pablo VI, «se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios»[2]. De hecho, la Iglesia no ha de contemplar tan sólo el uso de estos medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, hoy más que nunca, para integrar el mensaje salvífico en la ‘nueva cultura’ que precisamente los mismos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y de las tecnologías de la comunicación contemporánea es parte integrante de su propia misión en el tercer milenio.
Movida por esta conciencia, la comunidad cristiana ha dado pasos significativos en el uso de los medios de comunicación para la información religiosa, para la evangelización y la catequesis, para la formación de los agentes de pastoral en este sector y para la educación de una madura responsabilidad de los usuarios y destinatarios de los mismos instrumentos de la comunicación.
3. Los desafíos para la nueva evangelización, en un mundo rico en potencialidad comunicativa como el nuestro, son múltiples. Al tomar en cuenta esta realidad he querido subrayar, en la Carta encíclica «Redemptoris missio», que el mundo de la comunicación es el primer areópago del tiempo moderno, capaz de unificar a la humanidad transformándola, como suele decirse, en «una aldea global». Los medios de comunicación social han alcanzado importancia hasta el punto de que son para muchos el principal instrumento de guía e inspiración para su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, ya que tal cultura, antes que de «los contenidos», nace del hecho mismo de la existencia de nuevos modos de comunicar, dotados de técnicas y lenguajes inéditos.
Vivimos en una época de comunicación global, en que muchos momentos de la existencia humana se articulan a través de procesos mediáticos o por lo menos deben confrontarse con ellos. Me limito a recordar la formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de lazos afectivos, la articulación de las fases educativas y formativas, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica.
En una visión orgánica y correcta del desarrollo del ser humano, los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo los acontecimientos de modo cuidadoso y verdadero, analizando completamente las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de la verdad y la justicia en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte dentro el cual se sitúa una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social.
II. Discernimiento evangélico y compromiso misionero
4. También el mundo de los medios de comunicación necesita la redención de Cristo. Para analizar, con los ojos de la fe, los procesos y el valor de las comunicaciones sociales resulta de indudable utilidad la profundización de la Sagrada Escritura, la cual se presenta como un «gran código» de comunicación de un mensaje no efímero y ocasional, sino fundamental en razón de su valor salvífico.
La historia de la salvación narra y documenta la comunicación de Dios con el hombre, comunicación que utiliza todas las formas y modalidades del comunicar. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para acoger la revelación divina y para entablar un diálogo de amor con Él. A causa del pecado, esta capacidad de diálogo ha sido alterada, sea a escala personal o social, y los hombres han hecho y continúan haciendo la amarga experiencia de la incomprensión y de la lejanía. Sin embargo Dios no los ha abandonado y les ha enviado a su mismo Hijo (cf. Mc 12, 1 11). En el Verbo hecho carne el evento comunicativo asume su máxima dimensión salvífica: de este modo se entrega al hombre, en el Espíritu Santo, la capacidad de recibir la salvación y de anunciarla y testimoniarla a sus hermanos.
5. La comunicación entre Dios y la humanidad ha alcanzado por tanto su perfección en el Verbo hecho carne. El acto de amor a través del cual Dios se revela, unido a la respuesta de fe de la humanidad, genera un diálogo fecundo. Precisamente por esto al hacer nuestra, en cierto modo, la petición de los discípulos «enséñanos a orar» (Lc 11, 1), podemos pedirle al Señor que nos guíe para entender cómo comunicarnos con Dios y con los hombres a través de los maravillosos instrumentos de la comunicación social. Reconducidos al horizonte de tal comunicación última y decisiva, los medios de comunicación social se revelan como una oportunidad providencial para llegar a los hombres en cualquier latitud, superando las barreras de tiempo, de espacio y de lengua, formulando en las más diversas modalidades los contenidos de la fe y ofreciendo a quien busca lugares seguros que permitan entrar en diálogo con el misterio de Dios revelado plenamente en Cristo Jesús.
El Verbo encarnado nos ha dejado el ejemplo de cómo comunicarnos con el Padre y con los hombres, sea viviendo momentos de silencio y de recogimiento, sea predicando en todo lugar y con todos los lenguajes posibles. Él explica las Escrituras, se expresa en parábolas, dialoga en la intimidad de las casas, habla en las plazas, en las calles, en las orillas del lago, sobre las cimas de los montes. El encuentro personal con Él no deja indiferente, al contrario, estimula a imitarlo: «Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a plena la luz; y lo que os digo al oído, proclamadlo desde los terrados» (Mt 10, 27).
Hay después un momento culminante en el cual la comunicación se hace comunión plena: es el encuentro eucarístico. Reconociendo a Jesús en la «fracción del pan» (cf. Lc 24, 30 31), los creyentes se sienten impulsados a anunciar su muerte y resurrección y a volverse valientes y gozosos testigos de su Reino (cf. Lc 24, 35).
6. Gracias a la Redención, la capacidad comunicativa de los creyentes se ha sanado y renovado. El encuentro con Cristo los transforma en criaturas nuevas, les permite entrar a formar parte de aquel pueblo que Él ha conquistado con su sangre muriendo sobre la Cruz, y los introduce en la vida íntima de la Trinidad, que es comunicación continua y circular de amor perfecto e infinito entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La comunicación penetra las dimensiones esenciales de la Iglesia, llamada a anunciar a todos el gozoso mensaje de la salvación. Por esto, ella asume las oportunidades ofrecidas por los instrumentos de la comunicación social como caminos ofrecidos providencialmente por Dios en nuestros días para acrecentar la comunión y hacer más incisivo el anuncio[3]. Los medios de comunicación permiten manifestar el carácter universal del Pueblo de Dios, favoreciendo un intercambio más intenso e inmediato entre las Iglesias locales y alimentando el recíproco conocimiento y colaboración.
III. Cambio de mentalidad y renovación pastoral
7. En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un apoyo excelente para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender aquellos sólidos principios indispensables para la construcción de una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona humana y atenta al bien común. Asimismo la Iglesia los emplea con gusto para la propia información y para dilatar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, en la conciencia de que su utilización da respuesta al mandato del Señor: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15).
Misión ciertamente no fácil en nuestra época, en la cual se ha difundido en muchos la convicción de que el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente: el hombre debería aprender a vivir en un horizonte de total ausencia de sentido, en busca de lo provisorio y de lo fugaz[4]. En este contexto, los instrumentos de comunicación pueden ser usados «para proclamar el Evangelio o para reducirlo al silencio en los corazones de los hombres»[5]. Esto representa un serio reto para los creyentes, sobre todo para los padres, familias y para cuantos son responsables de la formación de la infancia y de la juventud. Es oportuno que, con prudencia y sabiduría pastoral, se fomente en las comunidades eclesiales la dedicación al trabajo en el campo de la comunicación, y así contar con profesionales capaces de un diálogo eficaz con el vasto mundo mediático.
8. Valorizar los medios de comunicación no es sólo tarea de «entendidos» del sector, sino también de toda la comunidad eclesial. Si, como se ha dicho antes, las comunicaciones sociales comprenden todos los ámbitos de la expresión de la fe, es la vida cristiana en conjunto la que debe tener en cuenta la cultura mediática en la que vivimos: desde la liturgia, suprema y fundamental expresión de la comunicación con Dios y con los hermanos, a la catequesis que no puede prescindir del hecho de dirigirse a sujetos influenciados por el lenguaje y la cultura contemporáneos.
El fenómeno actual de las comunicaciones sociales impulsa a la Iglesia a una suerte de «conversión» pastoral y cultural para estar en grado de afrontar de manera adecuada el cambio de época que estamos viviendo. De esta exigencia se deben hacer intérpretes, sobre todo, los Pastores: es importante trabajar para que el anuncio del Evangelio se haga de modo incisivo, que estimule la escucha y favorezca la acogida[6]. En sintonía con los Pastores deben obrar todos los organismos de consejo y de coordinación de modo que, en su campo específico, se identifiquen las líneas pastorales más adecuadas para una eficaz acción misionera. Las personas consagradas, según su propio carisma, tienen una especial responsabilidad en este campo de las comunicaciones sociales. Una vez formadas espiritual y profesionalmente, «presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y, de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos.»[7].
9. Al tener precisamente en cuenta la importancia de los medios de comunicación, hace ya quince años que juzgué insuficiente dejarlos a la iniciativa individual o de grupos pequeños y sugerí que se insertaran con claridad en la programación pastoral[8]. Las nuevas tecnologías, en especial, crean nuevas oportunidades para una comunicación entendida como servicio al gobierno pastoral y a la organización de las diversas tareas de la comunidad cristiana. Piénsese, por ejemplo, en Internet: no sólo proporciona recursos para una mayor información, sino que también habitúa a las personas a una comunicación interactiva[9]. Muchos cristianos ya están usando este nuevo instrumento de modo creativo, explorando las potencialidades para la evangelización, para la educación, para la comunicación interna, para la administración y el gobierno. Junto a Internet se van utilizando nuevos medios y verificando nuevas formas de utilizar los instrumentos tradicionales. Los periódicos, las revistas, las publicaciones varias, la televisión y la radio católicos siguen siendo, todavía hoy, indispensables en el panorama completo de las comunicaciones eclesiales.
Los contenidos –que, naturalmente, se deben adaptar a las necesidades de los diversos grupos-, tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información[10]. Del mismo modo, es importante garantizar la formación y la atención pastoral de los profesionales de la comunicación. Con frecuencia estas personas se encuentran ante presiones particulares y dilemas éticos que emergen del trabajo cotidiano; muchos de ellos «están sinceramente deseosos de saber y de practicar lo que es justo en el campo ético y moral» y esperan de la Iglesia orientación y apoyo[11].
IV. Los medios de comunicación, encrucijada de las grandes cuestiones sociales
10. La Iglesia, que en razón del mensaje de salvación confiado por su Señor es maestra de humanidad, siente el deber de ofrecer su propia contribución para una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades ligadas al actual desarrollo de las comunicaciones sociales. Precisamente porque influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman la mentalidad y determinan la visión de las cosas, es necesario insistir de manera clara y fuerte que los instrumentos de la comunicación social constituyen un patrimonio que se debe tutelar y promover. Es necesario que las comunicaciones sociales entren en un cuadro de derechos y deberes orgánicamente estructurados, sea desde el punto de vista de la formación y responsabilidad ética, cuanto de la referencia a las leyes y a las competencias institucionales.
El positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común es una responsabilidad de todos y de cada uno[12]. Debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, es necesario un sistema de gestión que esté en grado de salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, el primado de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias.
11. Se imponen algunas decisiones que se pueden sintetizar en tres opciones fundamentales: formación, participación, diálogo.
En primer lugar es necesaria una vasta obra formativa para que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que en vez de estar al servicio de las personas, las instrumentalicen y las condicionen gravemente. Esto vale, de manera especial, para los jóvenes que manifiestan una natural propensión a las innovaciones tecnológicas y que, por eso mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación.
En segundo lugar, quisiera dirigir la atención sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación responsable en la gestión de los mismos. Si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar el pluralismo y para hacer posible una verdadera participación de todos en su gestión, incluso a través de oportunas medidas legislativas. Es necesario hacer crecer la cultura de la corresponsabilidad.
Por último, no se debe olvidar las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen para favorecer el diálogo convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Dichos medios constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, un «arma» destructiva, si se usan para alimentar injusticias y conflictos. De manera profética, mi predecesor el beato Juan XXIII, en la encíclica «Pacem in terris», había ya puesto en guardia a la humanidad sobre tales potenciales riesgos[13].
12. Suscita un gran interés la reflexión sobre la participación «de la opinión pública en la Iglesia» y «de la Iglesia en la opinión pública». Mi predecesor Pío XII, de feliz memoria, al encontrarse con los editores de los periódicos católicos les decía que algo faltaría en vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias[14], en el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, se reconoce el derecho a expresar la propia opinión[15]. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea límites intrínsecos a las expresiones de las propias valoraciones, no es menos cierto que existe en otros campos, entre los católicos, un amplio espacio para el intercambio de opiniones, en un diálogo respetuoso de la justicia y de la prudencia.
Tanto la comunicación en el seno de la comunidad eclesial, como la de Iglesia con el mundo, exigen transparencia y un modo nuevo de afrontar las cuestiones referentes al universo de los medios de comunicación. Tal comunicación debe tender a un diálogo constructivo para promover en la comunidad cristiana una opinión pública rectamente informada y capaz de discernir. La Iglesia, al igual que otras instituciones o grupos, tiene la necesidad y el derecho de dar a conocer las propias actividades pero al mismo tiempo, cuando sea necesario, debe poder garantizar una adecuada reserva, sin que ello perjudique una comunicación puntual y suficiente de los hechos eclesiales. Es éste uno de los campos donde se requiere una mayor colaboración entre fieles laicos y pastores ya que, como subraya oportunamente el Concilio, «de este trato familiar entre los laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia, porque así se robustece en los seglares el sentido de su propia responsabilidad, se fomenta el entusiasmo y se asocian con mayor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los pastores. Pues estos últimos, ayudados por la experiencia de los laicos, pueden juzgar con mayor precisión y aptitud tanto los asuntos espirituales como los temporales, de suerte que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros, pueda cumplir con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo»[16].
V. Comunicar con la fuerza del Espíritu Santo
13. El gran reto para los creyentes y para las personas de buena voluntad en nuestro tiempo es el de mantener una comunicación verdadera y libre, que contribuya a consolidar el progreso integral del mundo. A todos se les pide saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de los medios de comunicación.
También en este campo los creyentes en Cristo saben que pueden contar con la ayuda del Espíritu Santo. Ayuda aún más necesaria si se considera cuan grandes pueden ser las dificultades intrínsecas a la comunicación, tanto a causa de las ideologías, del deseo de ganancias y de poder, de las rivalidades y de los conflictos entre individuos y grupos, como a causa de la fragilidad humana y de los males sociales. Las modernas tecnologías hacen que crezca de manera impresionante la velocidad, la cantidad y el alcance de la comunicación, pero no favorecen del mismo modo el frágil intercambio entre mente y mente, entre corazón y corazón, que debe caracterizar toda comunicación al servicio de la solidaridad y del amor.
En la historia de la salvación Cristo se nos ha presentado como «comunicador» del Padre: «Dios ... en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,2). Él, Palabra eterna hecha carne, al comunicarse, manifiesta siempre respeto hacia aquellos que le escuchan, les enseña la comprensión de su situación y de sus necesidades, impulsa a la compasión por sus sufrimientos y a la firme resolución de decirles lo que tienen necesidad de escuchar, sin imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral «El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado» (Mt 12,35-37).
14. El apóstol Pablo ofrece un claro mensaje también para cuantos están comprometidos en las comunicaciones sociales -políticos, comunicadores profesionales, espectadores-: « Por lo tanto desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchan» (Ef 4,25.29).
A los operadores de la comunicación y especialmente a los creyentes que trabajan en este importante ámbito de la sociedad, aplico la invitación que desde el inicio de mi ministerio de Pastor de la Iglesia he querido lanzar al mundo entero: «¡No tengáis miedo!».
¡No tengáis miedo de las nuevas tecnologías!, ya que están «entre las cosas maravillosas» –«Inter mirifica»– que Dios ha puesto a nuestra disposición para descubrir, usar, dar a conocer la verdad; también la verdad sobre nuestra dignidad y sobre nuestro destino de hijos suyos, herederos del Reino eterno.
¡No tengáis miedo de la oposición del mundo! Jesús nos ha asegurado «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).
¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! El divino Maestro ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, la perspectiva eterna del cielo, perspectiva que ningún medio de comunicación podrá alcanzar directamente: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman. » (1Cor 2,9).
A María, que nos ha dado el Verbo de vida y ha conservado en su corazón las palabras que no perecen, encomiendo el camino de la Iglesia en el mundo de hoy. Que la Virgen Santa nos ayude a comunicar, con todos lo medios, la belleza y la alegría de la vida en Cristo nuestro Salvador.
Desde el Vaticano, 24 de enero de 2005, memoria de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas.
IOANNES PAULUS II
__________________________________
[1] N. 1.
[2] Exhortación Apostólica «Evangelii nuntiandi» (8 de diciembre de 1975): AAS 68 (1976), 35.
[3] Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica post sinodal «Christifideles laici» (30 de diciembre de 1998), 18 24: AAS (1989), 421 435; cf. Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 10: AAS 84 (1992), 454 455.
[4] Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica «Fides et ratio» (14 de septiembre de 1998), 91: AAS 91 (1999), 76 77.
[5] Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 4: AAS 84 (1992), 450.
[6]Cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Pastores gregis», 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6.
[7]Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Vita consecrata» (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476.
[8]Juan Pablo II, Carta enc. «Redemptoris missio» (7 diciembre 1990), 37: AAS 83 (1991), 282-286.
[9] Cf. Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, «La Iglesia e Internet» (22 febrero 2002), 6: Ciudad del Vaticano, 2002, pp.13-15.
[10] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Inter mirifica, 15-16; Pont. Comisión para los Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 107: AAS 63 (1971) 631-632; Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, inst. pastoral «Ætatis novæ» (22 febrero 1992), 18: AAS 84 (1192), 460.
[11]Cf. Ibid., 19: l.c.
[12] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2494.
[13] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la 37 jornada mundial de las comunicaciones sociales (24 enero 2003): «L’Osservatore Romano», 25 enero 2003, p. 6.
[14] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen Gentium», 37; Pont. Comisión para las Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 114-117: AAS (1971), 634-635.
[15] Can. 212, § 3: «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas».
[16] Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen gentium», 37
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jueves, 19 de mayo de 2011
El guaraní como idioma oficial del Paraguay
R E S O L U C I O N N° 10749
POR EL CUAL SE APRUEBA EL DOCUMENTO “LA
EDUCACIÓN BILIGÜE EN LA REFORMA EDUCATUIVA PARAGUAYA”
Asunción 26 de diciembre de 2000
VISTO: el documento “La Educación Bilingüe en la Reforma
Educativa Paraguaya”
CONSIDERANDO: Que, la Constitución Nacional en su
apartado 140 establece: “El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son idiomas
oficiales el castellano y el guaraní. La ley establecerá las modalidades de utilización de
uno y otro. Las lenguas indígenas, así como las de las otras minorías forman parte del
patrimonio cultural de la Nación”: en concordancia con lo estipulado en el articulo 77
que dice: “La enseñanza en los comienzos del proceso escolar se realizará en la lengua
oficiales de la República. En el caso de las minorías étnicas cuya lengua materna no
sea el guaraní, se podrá elegir uno de los dos idiomas oficiales.
Que la ley 2892 en su articulo 1 dispone: “Es obligatorio la
enseñanza de la: lenguas oficiales, castellano y guaraní en todas los niveles del sistema
educativo paraguayo: primario, secundario y universitario.
Que, la ley N° 1264 General de Educación, en su articulo 31
indica: “La enseñanza se realizará en la lengua materna del educando desde
comienzos del proceso escolar o desde el primer grado. La otra lengua oficial se
enseñanza también desde el inicio de la educación escolar con el tratamiento didáctica
propio de una segunda lengua”.
Que, es necesario contar con un documento que oriente la
educación en las lenguas oficiales y que establezca criterios generales para la
elaboración de propuestas curriculares y materiales educativas a ser implementados en
la sistema educativo formal.
Por tanto y en uso de sus atribuciones:
EL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y CULTURA
R E S U E L V E:
1° APROVAR el documento “LA EDUCACIÓN BILIGÜE EN LA REFORMA
EDUCATUIVA PARAGUAYA”
2° RECORDAR la utilización de los criterios establecidos en el presente
documento como orientadores del proceso de enseñanza-aprendizaje en
castellano y guaraní dentro del sistema educativo formal y para la selección,
elaboración e implementación de materiales educativos en lengua guaraní.
3° COMUNICAR y archivar
POR EL CUAL SE APRUEBA EL DOCUMENTO “LA
EDUCACIÓN BILIGÜE EN LA REFORMA EDUCATUIVA PARAGUAYA”
Asunción 26 de diciembre de 2000
VISTO: el documento “La Educación Bilingüe en la Reforma
Educativa Paraguaya”
CONSIDERANDO: Que, la Constitución Nacional en su
apartado 140 establece: “El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son idiomas
oficiales el castellano y el guaraní. La ley establecerá las modalidades de utilización de
uno y otro. Las lenguas indígenas, así como las de las otras minorías forman parte del
patrimonio cultural de la Nación”: en concordancia con lo estipulado en el articulo 77
que dice: “La enseñanza en los comienzos del proceso escolar se realizará en la lengua
oficiales de la República. En el caso de las minorías étnicas cuya lengua materna no
sea el guaraní, se podrá elegir uno de los dos idiomas oficiales.
Que la ley 2892 en su articulo 1 dispone: “Es obligatorio la
enseñanza de la: lenguas oficiales, castellano y guaraní en todas los niveles del sistema
educativo paraguayo: primario, secundario y universitario.
Que, la ley N° 1264 General de Educación, en su articulo 31
indica: “La enseñanza se realizará en la lengua materna del educando desde
comienzos del proceso escolar o desde el primer grado. La otra lengua oficial se
enseñanza también desde el inicio de la educación escolar con el tratamiento didáctica
propio de una segunda lengua”.
Que, es necesario contar con un documento que oriente la
educación en las lenguas oficiales y que establezca criterios generales para la
elaboración de propuestas curriculares y materiales educativas a ser implementados en
la sistema educativo formal.
Por tanto y en uso de sus atribuciones:
EL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y CULTURA
R E S U E L V E:
1° APROVAR el documento “LA EDUCACIÓN BILIGÜE EN LA REFORMA
EDUCATUIVA PARAGUAYA”
2° RECORDAR la utilización de los criterios establecidos en el presente
documento como orientadores del proceso de enseñanza-aprendizaje en
castellano y guaraní dentro del sistema educativo formal y para la selección,
elaboración e implementación de materiales educativos en lengua guaraní.
3° COMUNICAR y archivar
lunes, 16 de mayo de 2011
Reconocimento a la lengua guaraní
Me parece justo que el idioma guaraní sea reconocido como lengua oficial junto con el castellano por el rol tan importante que ha cumplido en nuestra historia, más aun en los conflictos bélicos.
Hay muchos testimonios de los soldados de la guerra del Chaco que fue contra Bolivia, como por ejemplo la de mi abuelo,don Odulio Mareco que nos cuentan como por medio este idoma llegaban a descubrir y desconcertar a los enemigos salvando así sus vidas.
Es lamentable recordar que durante muchos años se trató de hacer desaparecer el guaraní.En las escuelas, los maestros castigaban a los niños que hablaban en guaraní mandandoles al rincón con arejas burro hechas de papel, haciendoles arrodillar sobre maíz o sal en el patio bajo el sol,otr castigo consistía en pegarles por la cabeza con la mano hacerles escribir varias veces la frase "NO DEBO HABLAR EN GUARANÍ"
Hoy día si bien el plán de estudios que se puso en marcha apartir de la promulgación de esta ley no funcionó, hay otros mejores que se están poniendo en práctica que están dando buenos resultados en la recuperación integral del idioma guaraní.
¡EL GUARANÍ NO MORIRÁ!...
Hay muchos testimonios de los soldados de la guerra del Chaco que fue contra Bolivia, como por ejemplo la de mi abuelo,don Odulio Mareco que nos cuentan como por medio este idoma llegaban a descubrir y desconcertar a los enemigos salvando así sus vidas.
Es lamentable recordar que durante muchos años se trató de hacer desaparecer el guaraní.En las escuelas, los maestros castigaban a los niños que hablaban en guaraní mandandoles al rincón con arejas burro hechas de papel, haciendoles arrodillar sobre maíz o sal en el patio bajo el sol,otr castigo consistía en pegarles por la cabeza con la mano hacerles escribir varias veces la frase "NO DEBO HABLAR EN GUARANÍ"
Hoy día si bien el plán de estudios que se puso en marcha apartir de la promulgación de esta ley no funcionó, hay otros mejores que se están poniendo en práctica que están dando buenos resultados en la recuperación integral del idioma guaraní.
¡EL GUARANÍ NO MORIRÁ!...
domingo, 15 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
EDUCACIÓN PARAGUAYA, EVOLUCIÓN HISTORICA
Por la falta de Universidades paraguayas,los estudiantes paraguayos eran enviados a las Universidades de Cordoba,de San Marcos de Lima, de Charcas y de Santiago de Chile.
Entre los años 1776-1783 se reanuda el sueño de la apertura de una Universidad paraguaya con el apoyo de la gobernación abriendo colegios con catedras de Gramatica, Teología y Moral.
Fue el Colegio Carolingio, la máxima institución de formación cultural de la Provincia. Con motivo de la invasión del ejercito porteño a las ordenes de Manuel Belgrano, el gobernador Bernardo de Velazco ordenó el cierre del colegio que fue utilizado como cuartel.
Después de tres siglos de vida colonial la educación nos presenta una anémica realidad.
Todo cambia a partir de nuestra independencia nacional, a pesar de que hemos tenido gobiernos con grandes decadencias la educación sigue adelante.
Hoy contamos con escuelas y colegios de buen nivel academico.
2.3 REFORMAS
2.3.1 La Reforma de 1924
Se debe al Prof. Ramón Indalecio Cardozo la formulación de la primera reforma de la educación
elemental y normal en 1924, con el criterio de una enseñanza funcional, inspirada en las actividades
básicas del quehacer socio-económico y en los ideales de libertad y progreso, de rectitud y bien común.
Se implantaron en las escuelas normales y elementales, planes y programas en consonancia con los
intereses generales de la población.
El ciclo se redujo a 6 años de cinco grados, primero inferior, primero superior, segundo, tercero,
cuarto y quinto, con énfasis en las asignaturas y actividades fundamentales, trabajos artesanales,
práctica agrícola y ganadera, economía doméstica extendida al mantenimiento del huerto familiar y los
animales caseros.
2.3.2 La Reforma de 1904
En diciembre de 1904 se puso en marcha el Plan Franco, en homenaje a su pensador, en el cual
se pormenoriza aspectos referentes al Plan de Estudios del Bachillerato de seis años de duración y
aspiraba a proporcionar al estudiante lo que un hombre culto debe conocer, buscando la calidad antes
que la cantidad de los conocimientos.
2.3.3 La Reforma de 1931
Siendo Ministro de justicia, Culto e Instrucción Pública el Dr. Justo P. Benítez; patrocinó la
instauración de un nuevo Plan de Estudios para el Bachillerato, éste mantenía las líneas generales del
Plan Franco, en cuanto a lo que respecta a las asignaturas, la diferencia radicó en que prevé un ciclo
general de 5 años y un curso de Preparatorio para la Universidad de un año y tiene menos horas de clase.
Buscaba una cultura fundamentalmente práctica.
Seguramente que la iniciativa más importante y trascendente de la época fue la decisión de
organizar la formación magisterial, dando lugar a la creación de las Escuelas Normales.
En 1921 el Presidente de la República el Dr. Manuel Gondra y el Ministro de justicia, Culto e
Instrucción Pública, Rogelio Ibarra, acordó agregar un programa de 3 años de estudios al programa
normalista vigente, el título otorgado fue “Profesor Normal”, que equiparaba al de Bachiller en Ciencias
y Letras a los efectos del ingreso a la Universidad.
En abril de 1933, fue aprobado un Plan de Estudios para las Escuelas Normales elaborado por el
Profesor Ramón Indalecio Cardozo, que establecía un Curso Preparatorio de un año, más cuatro para
obtener el título de Maestro Normal, y tres años más para Profesor Normal.
2.3.4 La Reforma de 1956
. El Decreto Nº 24063, aprueba el nuevo plan de actividades educativas para la Enseñanza Media,
presentado por la Comisión Reforma de la Enseñanza Media, creada por la Resolución Nº 37 del
13 de febrero de 1956 y la asesoría de la UNESCO.
La Reforma de la Enseñanza Media fue puesta en vigencia a partir del curso lectivo de 1957 en
todas las instituciones del país y en la misma se introduce un Ciclo Básico de tres años obligatorios para
continuar los estudios del nivel medio en las modalidades de Normal, Bachillerato Humanístico y Bachiller
Comercial,. por otra parte los títulos expedidos por las instituciones que habilitan para el ingreso a la
universidad, son controlados directamente a las instituciones bajo la supervisión del MEC. existen otras
de nivel medio como los Colegios Militares, las Escuelas Agrícolas y los Seminarios con régimen de
internados.
OEI - Sistemas Educativos Nacionales - Paraguay 5
El nuevo plan de estudios sobre la base de la Educación Primaria, ofrece al candidato una cultura
general amplia para luego abrirse en especialidades.
La reforma se propone encauzar la educación de la adolescencia, cuya formación ha de tener una
firme base moral de contenido cristiano y cuyo espíritu ha de estar moldeado en el amor a las tradiciones
y valores paraguayos, además facilitar una educación integral y no un nuevo camino a la universidad.
En el orden psico-pedagógico el Ciclo Básico ofrece la oportunidad al adolescente de madurar y
así decidir qué tipo de Bachillerato estudiar; desde el punto de vista social, tiene una importante
proyección dado el alto porcentaje de jóvenes que ya concluyen el bachillerato; el Ciclo Básico da la
oportunidad de contar con la educación media indispensable.
Con esta reforma se intenta desarraigar el enciclopedismo de la enseñanza, por eso el MEC, se
empeñó en la formación y mejoramiento del profesorado secundario.
En cuanto a la Educación Normal, el personal para la educación primaria hs de estar suficientemente
capacitado, no sólo para instruir, sino también para elevar el nivel moral, higiénico, social y económico
del niño, crear hábitos de orden y trabajo, orientar el mejoramiento de las condiciones hogareñas, acercar
la comunidad a la escuela, proponer el recreamiento y alfabetizar al adulto.
La formación del docente se reduce a 3 años, articulado sobre el Ciclo Básico, el 4º Curso, de
iniciación y observación; el 5º Curso, de participación y cooperación, y el 6º Curso, de práctica y
realización para lograr un tipo de maestro capaz de vivir acorde con su tiempo, de estimar su valor como
individuo en relación con el universo y de ser un orientador de la sociedad paraguaya.
Por su parte, la Enseñanza Comercial va encaminada a la formación de auxiliares técnicos y
profesionales capacitados para satisfacer los requerimientos de personal de la industria, del comercio
y de la administración pública en todo lo que concierne a sus actividades económico-financiero.
El nuevo Plan de Formación Docente entró en vigencia, en virtud del Decreto Nº 4474 del 13 de
marzo de 1973, estableciendo un magisterio a nivel terciario, post-bachillerato, con una duración de 2
años para el profesorado de enseñanza primaria, más 2 años para el profesorado de nivel medio con
especialización por áreas, además de cursos de Ciencias de la Educación, destinado a preparar
especialistas. De esta manera las tradicionales escuelas normales se constituyeron en Institutos de
Formación Docente.
En este mismo año se incorpora la enseñanza técnica dentro del bachillerato diversificado.
* Velázquez. Historia de la Cultura Paraguaya.
Información de Reforma de la Educación Secundaria en el Paraguay. MEC. As. 19957.
. Benítez Luis. Historia de la Educación Paraguaya. Comuneros S.A. Asunción, Paraguay. 1981.
Entre los años 1776-1783 se reanuda el sueño de la apertura de una Universidad paraguaya con el apoyo de la gobernación abriendo colegios con catedras de Gramatica, Teología y Moral.
Fue el Colegio Carolingio, la máxima institución de formación cultural de la Provincia. Con motivo de la invasión del ejercito porteño a las ordenes de Manuel Belgrano, el gobernador Bernardo de Velazco ordenó el cierre del colegio que fue utilizado como cuartel.
Después de tres siglos de vida colonial la educación nos presenta una anémica realidad.
Todo cambia a partir de nuestra independencia nacional, a pesar de que hemos tenido gobiernos con grandes decadencias la educación sigue adelante.
Hoy contamos con escuelas y colegios de buen nivel academico.
2.3 REFORMAS
2.3.1 La Reforma de 1924
Se debe al Prof. Ramón Indalecio Cardozo la formulación de la primera reforma de la educación
elemental y normal en 1924, con el criterio de una enseñanza funcional, inspirada en las actividades
básicas del quehacer socio-económico y en los ideales de libertad y progreso, de rectitud y bien común.
Se implantaron en las escuelas normales y elementales, planes y programas en consonancia con los
intereses generales de la población.
El ciclo se redujo a 6 años de cinco grados, primero inferior, primero superior, segundo, tercero,
cuarto y quinto, con énfasis en las asignaturas y actividades fundamentales, trabajos artesanales,
práctica agrícola y ganadera, economía doméstica extendida al mantenimiento del huerto familiar y los
animales caseros.
2.3.2 La Reforma de 1904
En diciembre de 1904 se puso en marcha el Plan Franco, en homenaje a su pensador, en el cual
se pormenoriza aspectos referentes al Plan de Estudios del Bachillerato de seis años de duración y
aspiraba a proporcionar al estudiante lo que un hombre culto debe conocer, buscando la calidad antes
que la cantidad de los conocimientos.
2.3.3 La Reforma de 1931
Siendo Ministro de justicia, Culto e Instrucción Pública el Dr. Justo P. Benítez; patrocinó la
instauración de un nuevo Plan de Estudios para el Bachillerato, éste mantenía las líneas generales del
Plan Franco, en cuanto a lo que respecta a las asignaturas, la diferencia radicó en que prevé un ciclo
general de 5 años y un curso de Preparatorio para la Universidad de un año y tiene menos horas de clase.
Buscaba una cultura fundamentalmente práctica.
Seguramente que la iniciativa más importante y trascendente de la época fue la decisión de
organizar la formación magisterial, dando lugar a la creación de las Escuelas Normales.
En 1921 el Presidente de la República el Dr. Manuel Gondra y el Ministro de justicia, Culto e
Instrucción Pública, Rogelio Ibarra, acordó agregar un programa de 3 años de estudios al programa
normalista vigente, el título otorgado fue “Profesor Normal”, que equiparaba al de Bachiller en Ciencias
y Letras a los efectos del ingreso a la Universidad.
En abril de 1933, fue aprobado un Plan de Estudios para las Escuelas Normales elaborado por el
Profesor Ramón Indalecio Cardozo, que establecía un Curso Preparatorio de un año, más cuatro para
obtener el título de Maestro Normal, y tres años más para Profesor Normal.
2.3.4 La Reforma de 1956
. El Decreto Nº 24063, aprueba el nuevo plan de actividades educativas para la Enseñanza Media,
presentado por la Comisión Reforma de la Enseñanza Media, creada por la Resolución Nº 37 del
13 de febrero de 1956 y la asesoría de la UNESCO.
La Reforma de la Enseñanza Media fue puesta en vigencia a partir del curso lectivo de 1957 en
todas las instituciones del país y en la misma se introduce un Ciclo Básico de tres años obligatorios para
continuar los estudios del nivel medio en las modalidades de Normal, Bachillerato Humanístico y Bachiller
Comercial,. por otra parte los títulos expedidos por las instituciones que habilitan para el ingreso a la
universidad, son controlados directamente a las instituciones bajo la supervisión del MEC. existen otras
de nivel medio como los Colegios Militares, las Escuelas Agrícolas y los Seminarios con régimen de
internados.
OEI - Sistemas Educativos Nacionales - Paraguay 5
El nuevo plan de estudios sobre la base de la Educación Primaria, ofrece al candidato una cultura
general amplia para luego abrirse en especialidades.
La reforma se propone encauzar la educación de la adolescencia, cuya formación ha de tener una
firme base moral de contenido cristiano y cuyo espíritu ha de estar moldeado en el amor a las tradiciones
y valores paraguayos, además facilitar una educación integral y no un nuevo camino a la universidad.
En el orden psico-pedagógico el Ciclo Básico ofrece la oportunidad al adolescente de madurar y
así decidir qué tipo de Bachillerato estudiar; desde el punto de vista social, tiene una importante
proyección dado el alto porcentaje de jóvenes que ya concluyen el bachillerato; el Ciclo Básico da la
oportunidad de contar con la educación media indispensable.
Con esta reforma se intenta desarraigar el enciclopedismo de la enseñanza, por eso el MEC, se
empeñó en la formación y mejoramiento del profesorado secundario.
En cuanto a la Educación Normal, el personal para la educación primaria hs de estar suficientemente
capacitado, no sólo para instruir, sino también para elevar el nivel moral, higiénico, social y económico
del niño, crear hábitos de orden y trabajo, orientar el mejoramiento de las condiciones hogareñas, acercar
la comunidad a la escuela, proponer el recreamiento y alfabetizar al adulto.
La formación del docente se reduce a 3 años, articulado sobre el Ciclo Básico, el 4º Curso, de
iniciación y observación; el 5º Curso, de participación y cooperación, y el 6º Curso, de práctica y
realización para lograr un tipo de maestro capaz de vivir acorde con su tiempo, de estimar su valor como
individuo en relación con el universo y de ser un orientador de la sociedad paraguaya.
Por su parte, la Enseñanza Comercial va encaminada a la formación de auxiliares técnicos y
profesionales capacitados para satisfacer los requerimientos de personal de la industria, del comercio
y de la administración pública en todo lo que concierne a sus actividades económico-financiero.
El nuevo Plan de Formación Docente entró en vigencia, en virtud del Decreto Nº 4474 del 13 de
marzo de 1973, estableciendo un magisterio a nivel terciario, post-bachillerato, con una duración de 2
años para el profesorado de enseñanza primaria, más 2 años para el profesorado de nivel medio con
especialización por áreas, además de cursos de Ciencias de la Educación, destinado a preparar
especialistas. De esta manera las tradicionales escuelas normales se constituyeron en Institutos de
Formación Docente.
En este mismo año se incorpora la enseñanza técnica dentro del bachillerato diversificado.
* Velázquez. Historia de la Cultura Paraguaya.
Información de Reforma de la Educación Secundaria en el Paraguay. MEC. As. 19957.
. Benítez Luis. Historia de la Educación Paraguaya. Comuneros S.A. Asunción, Paraguay. 1981.
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